viernes, 22 de mayo de 2020


Presentación del Blog

Desde hace tiempo sentía la necesidad de hacer algo para dar a conocer la historia y tradiciones de mi patria chica, la Ciudad de Chía, no sabía definir qué era lo que me impulsaba, pero al leer algunos pensamientos de diferentes autores de distintos lugares del mundo como Polonia, Colombia y Argentina me di cuenta que ese sentimiento era el “patriotismo y el amor a la patria” que está presente en el corazón de todo ser humano.

No sabía ni que era un blog pero me doy cuenta que es un gran medio para compartir conocimientos y experiencias  con personas que profesan nuestro mismos ideales.

No tengo ningún interés económico, solo quiero prestar un humilde servicio a mi ciudad natal y a mi Patria.

Trataré de ser lo más imparcial posible y pido la colaboración de los que lleguen a este sitio para para que lo enriquezcan con sus conocimientos, fotografías, y documentos relacionados con los temas del blog

Amor a la Patria

 

Patriotismo significa amar todo lo que es patrio: su historia, sus tradiciones, la lengua y su misma configuración geográfica. La patria es un bien común de todos los ciudadanos y, como tal, también un gran deber. Como sucede con la familia, también la nación y la patria siguen siendo realidades insustituibles”. 
Papa San Juan Pablo II (Memoria e identidad)

 

         AMOR A LA PATRIA

Apartes del Discurso del 20 de junio de 2009, por la profesora Argentina Andrea Greco
          (y que es aplicable a todos los pueblos de hispanoamérica en este momento)

 

…Y ese amor a la patria tiene dos aspectos: por una parte es amor de complacencia y por otra parte es amor crítico.
¿Qué es el amor de complacencia? Es el amor más sensible y el que mira sobre todo al pasado de la Patria. Es la emoción que debemos sentir al ver los colores de la bandera patria, es ese nudo en la garganta al prometer fidelidad o jurar defender con la vida ese símbolo, es la emoción que sentimos cuando escuchamos contar anécdotas valerosas de los héroes y los santos, cuando vestimos atuendos típicos o comemos el infaltable asadito o las empanadas. Es el amor que sentimos a deberíamos sentir al estudiar la historia, las tradiciones y el folklore argentino.(colombiano)
 Tenemos que cultivar así ese primer amor a la Patria que es el amor sensible, a las cosas y a las costumbres de la Patria. Que vestirnos de gaucho no sea un disfraz, que bailar una zamba o una chacarera no sea sólo un espectáculo o un certamen, sino la vivencia y el orgullo de ser argentinos
Pero dijimos que el amor a la Patria tiene también otro aspecto: es el amor crítico. Y ese amor mira más hacia el presente y el futuro. Es un amor dolorido…
amar a la Patria no es solamente complacerse sino condolerse en esta realidad de la Patria, donde hay tanta miseria, donde hay tanta corrupción, tanta cobardía, tanta mentira, tanta estupidez, tanta injusticia, tanta traición. Es un amor crítico. Es como el amor del que ama al enfermo para llevarlo a curar o el que ama al pecador para enderezarlo en el camino. Hay muchas cosas que enderezar en esta Argentina (Colombia) de hoy y a esas cosas que hay que enderezar debe orientarse nuestra acción y nuestra oración.
































Dios, Colombia y su Ejército
Este Ejército no subsistiría si Dios no estuviese inmerso en el quehacer militar en los cuarteles.

Por: Coronel Pedro Javier Rojas Guevara

18 de diciembre 2015 , 07:31 p.m.
El Ejército de Colombia es el eje central de la democracia. Es el músculo vital del Estado colombiano. Sin él, la Nación se hallaría a merced de los criminales y terroristas; sin él, la República colapsaría. Los soldados de la patria hoy reivindican y ponen muy en alto la marca institucional, al fundirse, vestidos de honor, con los compatriotas más necesitados en cualquier rincón del territorio. De manera silenciosa, pero relevante, protegen la vida, honra y bienes de los ciudadanos; son guardadores de la soberanía, respetuosos de los derechos humanos y siempre adheridos a los preceptos de la Carta Política y las leyes.

Sin embargo, este Ejército victorioso no subsistiría si Dios no estuviese inmerso en el quehacer militar en los cuarteles y campos colombianos. Más allá de cualquier tema de índole religioso, es la fe en Dios omnipotente, omnisciente y soberano, la que mueve e inspira a cada integrante de la institución y sus familias. Sin lugar a dudas, no tienen temor de Dios aquellos que deshonran el uniforme, aquellos que traicionan y mienten, aquellos que olvidan la vocación y el espíritu militar, aquellos que pisotean las palabras del general Rafael Reyes Prieto, presidente de la República y gestor de la primera reforma militar en 1907, quien escribió en el decálogo del cadete: “Se citará al cadete como modelo de cumplido caballero que lleva por insignia la verdad, la franqueza y la hidalguía”.

Desde los mismos albores en nuestras escuelas de formación, la absoluta fe en Dios hace parte del ADN castrense. Ahora más que nunca, no solo el Ejército, sino el país entero, necesitan ser Dios-dependientes; es decir, alinear todos sus proyectos al Señor y buscarlo, no solo en momentos de dificultad, sino en todo tiempo y lugar. No por casualidad, sabiamente el mando institucional agregó en el 2011 y el 2014, respectivamente, al lema de la Fuerza, ‘Patria, Honor, Lealtad’, dos frases poderosas, inscritas en el corazón y la mente de sus integrantes: ‘Fe en la causa’ y ‘Dios en todas nuestras actuaciones’.

En efecto, de la mano de Dios primeramente se proyecta una fuerza multimisión, “el Ejército del futuro”, que contará con la debida interoperabilidad para desempeñarse efectivamente en cualquier ambiente complejo, y estará totalmente estandarizado con el concepto operacional y doctrinal de los mejores ejércitos del mundo, para nuestro caso de la mano de los principales referentes y aliados, los ejércitos de Estados Unidos y Chile.

Es, sin duda, un momento histórico para la nación y su Ejército; hoy, más que nunca, se requiere de una Fuerza en la “cima moral”, en palabras de nuestro Comandante, el señor general Alberto Mejía Ferrero. Un ejército enfocado en su misión, pero teniendo como prioridad angular la dimensión humana. Parafraseando a André Cavet: “No hay misión más hermosa que la del soldado. No hay autoridad más evidente, legítima e indiscutible que la suya, no hay otra más altamente moral”.

Gratitud eterna a los guerreros incansables, forjadores ancestrales de libertad y justicia, fieles escuderos del legado de José María Córdova, Inocencio Chincá y Pedro Pascasio Martínez.

Gracias, soldados del Ejército Nacional de Colombia, leales cumplidores del mandato constitucional. La fuerza de un ejército no está en sus armas, sino en la rectitud, firmeza, coraje y valor de sus hombres. ¡Dios bendiga por siempre a nuestra sacrificada y noble institución!

Coronel Pedro Javier Rojas Guevara

* Magíster en Seguridad y Defensa Nacionales Director de Doctrina del Ejército de Colombia


Patria-Honor-Lealtad, Dios en todas nuestras actuaciones
24 de septiembre de 2014
Este es el lema de la campaña de nuestro comandante, general Jaime Lasprilla Villamizar, con la cual se busca fortalecer la vocación del servicio soportado en principios y valores, bajo las líneas determinadas en la campaña Institucional Fe en la causa, con el fin de recordarles a los militares del Ejército Nacional la esencia misma de la Fuerza.

Patria Honor Lealtad son tres palabras que adornan nuestro escudo y uniforme y que hacen parte de nuestra vocación militar como miembros del glorioso Ejército Nacional, deben estar presentes en cada una de nuestras acciones, palabras y pensamientos.

Patria Honor Lealtad son la trinidad que enmarca la grandeza de nuestra Institución y la promesa de nuestros hombres para lograr la grandeza de Colombia y la Fuerza. Por la patria luchamos y morimos, con honor actuamos y portamos nuestro uniforme, siempre siendo leales a nuestros principios, valores y a nuestras oraciones patrias.
En palabras del comandante del Ejército, Dios en todas nuestras actuaciones significa ser conscientes que hay un ser superior que nos guía y nos da fortaleza para seguir adelante, es interiorizar que cuando Dios impone una responsabilidad se compromete a darnos las fuerzas para cumplir ese deber que Él ha asignado, es entender que nuestra profesión es un apostolado, en la que hemos abrazado una vocación que implica servir con el mayor desprendimiento a los demás.

Patria-Honor-Lealtad Dios en todas nuestras actuaciones nos invita a recordar que nuestras actuaciones están enmarcadas por una causa noble y superior: nuestra patria, y que por tal nuestras acciones deben ser éticas, transparentes y con carácter. La prosperidad y legitimidad de nuestra Institución está en nuestras manos, está en despojarnos de las inmundicias del ser humano. Recordando a Francisco José de Caldas Un hombre que falta a Dios, que no oye los gritos de la naturaleza y que hace traición a su patria, no tiene honor Solo tiene honor el que cumple fielmente con todas las obligaciones que le impone la noble profesión de las armas.

Con esta campaña invitamos a todos los hombres y mujeres del glorioso Ejército a tener confianza en Dios, es Él quien ocupa el primer lugar entre todos los móviles de nuestra existencia y será la guía suprema de nuestros esfuerzos y constantes sacrificios y los invitamos a obrar siempre con honor, siendo este la primer virtud militar, el respaldo moral y la etiqueta espiritual del hombre de armas, manifestó el general Jaime Lasprilla Villamizar.


Himnos y Símbolos



Escudo de Armas del Municipio de Chía
Elaborado por el dibujante e historiador Henry Navarro Sánchez, comisionado por el honorable Consejo Municipal de Chía y presentado ante la Honorable Academia colombiana de Historia en su reunión  del 6 de febrero de 1968.
De acuerdo con el informe rendido por el Académico y heraldista, Dr. Guillermo Vargas Paúl, designado por la Academia para el correspondiente estudio
El resultado fue comunicado al Consejo con documento firmado por el Dr. Carlos Arbelaez Camacho, secretario de la Academia, siendo aprobado finalmente Por esta corporación en 1988.
LA DIOSA CHIA
El Monumento a la  “Diosa Chía” fue ordenado por el Concejo Municipal y realizado totalmente en piedra labrada  por los escultores Martín Jiménez, Alonso Neira y Luis Alfonso Sánchez de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá fue inaugurado el 12 de Octubre de 1935.
En él se resume el Origen de la Civilización Chibcha.
Tres peldaños circulares que representan los tres elementos primordiales de la vida :  Agua, Fuego y Aire,  soportan un prisma  triangular que ostenta en el lado derecho la figura de la mujer sembrando;  sobre el lado izquierdo el hombre y el maíz en la cosecha,  actividades resultantes de la influencia lunar y base de la cultura agrícola de los Chibchas.
En la cara posterior una lechuza sujetando una serpiente con el pico y las garras,  simboliza los poderes de la naturaleza.
Sobre el prisma, fusionando a  Bachúe  la diosa de la fecundidad  con  Chía o la luna, inclinada hacia el amanecer, descansa la figura arrodillada de la hermosa mujer sosteniendo al niño con quien en el futuro poblaría la tierra.








jueves, 21 de mayo de 2020

La Capitulación


ORGANIZACIÓN DE LA CONQUISTA: LA CAPITULACIÓN

“El descubrimiento, conquista y colonización de las Indias no fue propiamente en sus orígenes, una empresa de Estado, realizada por elementos militares regulares y costeada con los recursos del Tesoro Nacional... Se observa en la obra colonizadora de España en América, un predominio... de la acción privada, individual, sobre la acción oficial y coordinada del Estado.” (Traversoni “América Precolombina y Colonial”).

Las expediciones por parte de la Corona de Castilla a América, se veían obstaculizadas por su comprometida situación económica como consecuencia de sus gastos de guerra. Fue por esta razón que los reyes trataron de que la empresa de conquista fuera realizada por particulares, los reyes católicos, Fernando e Isabel negociaban con ellos y de esta negociación surgían contratos especiales denominados “Capitulaciones” en los cuales se establecían las obligaciones y derechos del jefe de la expedición y las sanciones que se derivarían de un posible incumplimiento del convenio.

De esta forma, antes de que partiera una expedición, se firmaba un contrato formal, es decir la capitulación, entre la corona y el conquistador. Por estas capitulaciones la corona concedía derechos para descubrir, conquistar y poblar; como fueron los casos por ejemplo de Pizarro y de Cortés, y se reservaba ciertos otros derechos en los territorios a conquistar, garantizando al mismo tiempo recompensas y privilegios al conquistador y los alistados en su compañía.

Material adaptado de: Francisco Morales Padrón “Los Conquistadores de América”. Leslie Bethell “Historia de América Latina”. Travesoni “América Precolombina y Colonial”.)

Juicio de Residencia


Juicio de residencia: mecanismo de control a las autoridades coloniales


Publicado el 4 de septiembre de 2017
Juan Pablo Bolio Ortiz
Licenciado en derecho por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY),

El juicio de residencia fue un proceso judicial al que se eran sometidos los funcionarios públicos al término de su cargo. El juicio constaba de dos partes. En la primera se investigaba de oficio la conducta del funcionario por parte del gobierno metropolitano, y en la segunda se recibían las demandas que hubieran interpuesto los particulares y grupos ofendidos para obtener satisfacción de los agravios y vejaciones que habían recibido del enjuiciado. 1

Podemos ubicar el origen del juicio de residencia en el derecho romano, el cual, hacia el año 364 d.C., creó la magistratura del defensor de la ciudad, personaje que protegía y defendía al pueblo contra los abusos de los oficiales y los excesos de poder de los gobernadores.2 Por su parte, en el derecho castellano apareció por primera vez una norma en este sentido en una ley de las Siete Partidas del rey Alfonso X (1256 a 1265), donde se dispuso que los jueces, luego de haber prestado el juramento previo a hacerse cargo de sus funciones, debían obligarse con fiadores para que al término de su mandato permanecieran cincuenta días en el lugar donde juzgaron para “hacer derecho a todos aquellos que de ellos hubiesen recibido entuerto”.3

El juicio de residencia, como tal, tomó forma el 9 de junio de 1500, durante la Real Pragmática de Corregidores y de Jueces de Residencia, en la que se sistematizó y organizó.4 Este juicio fue concebido como un medio de control de la actuación de aquellos que ejercían oficios públicos, especialmente de administración de justicia, pues al término de sus encargos podría averiguarse cuáles de esos funcionarios ofrecieron suficiente confianza para adjudicarles nuevas comisiones, así como reparar los daños que ocasionaran a los particulares en el desempeño de sus funciones.5 Los funcionarios sujetos a residencia fueron responsables de órganos que gozaron de facultades políticas y judiciales, entre ellos: virreyes, gobernadores, capitanes generales, corregidores, alcaldes mayores y jueces de las audiencias.6

El rey emitía una disposición específica para residenciar a una persona, generalmente por medio de una real cédula.7

Los jueces de residencia eran elegidos por el Consejo Real y Supremo de Indias, como se dispuso en una real cédula del 3 de septiembre de 1565, más adelante recogida en la Recopilación de Leyes de Indias.8
Sobre este tema, por supuesto, podemos reflexionar mucho más, sin embargo, cabe destacar que lo anterior pone de manifiesto en estos tiempos la necesidad de contar con un recurso idóneo en el Estado Nacional Mexicano para enjuiciar a nuestras autoridades, no como una excepción (juicio político) sino como regla, tal cual pasaba en la época colonial cuando a todos los funcionarios públicos, sin excepción, se les aplicaba el juicio de residencia.

Fernandez de Lugo y Quesada



FERNANDEZ DE LUGO Y QUESADA
Fernández de Lugo, Pedro. Sevilla, 1475 – Santa Marta (Colombia), 13.X.1536. Segundo adelantado de Canarias, gobernador de las islas de Tenerife y La Palma, y gobernador de Santa Marta.

Nació en Sevilla y fue hijo de Alonso Fernández de Lugo, conquistador y primer adelantado de las islas de Canaria, y de Beatriz de Fonseca. Llegó a Gran Canaria de niño y vivió las conquistas paternas contra los guanches, acompañándole luego en las expediciones a la Berbería. En 1509 Pedro Fernández recibió de su padre Alonso Fernández parte de sus derechos y facultades en la costa de África, adquiridos por las capitulaciones de 1499. Participó en incursiones de “rescate” a la Berbería, conquistó la torre de Santa Cruz de Mar Pequeña (Ifni) y estuvo en expediciones de ayuda a los portugueses, como la de 1527, que fue muy sangrienta. En 1519 Alonso Fernández de Lugo solicitó a favor de su hijo el título de adelantado de Canarias, que se le otorgó. Pedro Fernández de Lugo fue, así, el segundo adelantado de Canarias, gobernador y justicia mayor de Tenerife y Palma y capitán general de la costa africana comprendida entre el cabo de Aguer y el de Bojador.

…La Capitulación para Santa Marta contenía, entre otras cosas, las preocupaciones del nuevo gobernador, excepto lo relativo al Perú, que acababa de otorgarse a Francisco Pizarro (incluso su parte meridional a Almagro). Se le precisaba así que podría conquistar el territorio comprendido entre las provincias de Cartagena y Venezuela “y de allí hasta llegar a la Mar del Sur”. La Capitulación le obligaba a descubrir las tierras samarias, pero en la súplica capitulada se había concretado que “hará a su costa para el descubrimiento del Río Grande seis bergantines, aderezados de velas y remos y todo lo necesario en su tiempo”.

Pedro Fernández de Lugo organizó una gran expedición; para subvencionarla tuvo que pedir ayuda a comerciantes italianos, como Juan Alberto Gerardini, natural de Florencia y residente en Tenerife desde 1510, y Cristóbal Francesquini. Los italianos pusieron dos tercios de los gastos, corriendo por cuenta del gobernador el tercio restante. Cada uno de ellos recibiría el tercio de los beneficios durante los tres primeros años. El adelantado mandó luego a su hijo Alonso a Sevilla para que fletara las naves necesarias.

Fueron el galeón San Cristóbal, cuyo maestre y piloto era Men Rodríguez de Valdés; la nao Santa María, cuyo maestre era el italiano Nicolao di Napoli, y la nao Santi Spiritus cuyo maestre era el italiano Alesandre Cortese. La armada embarcó hombres y mercancías en Sevilla y en Sanlúcar y los terminó de cargar en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Zarpó de esta última población el 28 de noviembre de 1535 y llegó a Santa Marta el 2 de enero de 1536. Figuraban en ella hombres importantes, tales como Lázaro Fonte, hijo del mercader catalán Rafael Font, que fue primero regidor de Cádiz y luego de Tenerife, el licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada, el que luego sería famoso cronista Juan de Castellanos, etc. La enorme fuerza militar de mil quinientos hombres contrastaba con la mísera ciudad de Santa Marta a la que llegaron, formada por unos bohíos y un fuerte capaz de alojar sólo a unos cientos de ellos, pero todos sabían que estaba destinada a realizar operaciones de descubrimiento y conquista en el interior del país. Lugo dirigió la primera entrada contra los indios Bondas, que ya eran famosos por su resistencia a los españoles. Logró algunas victorias dudosas y un precario botín de oro, con el que volvió a Santa Marta, donde dispuso que las siguientes penetraciones a los indios taironas las dirigiera su hijo Alonso. Éste tuvo mejor fortuna, sobre todo en lo relativo al botín, pues logró una gran cantidad de oro, pero se embarcó secretamente con él para España. Pedro Fernández de Lugo se indignó y reclamó al Monarca, pero no logró nada, pues fue absuelto de todas las acusaciones.

La siguiente y última empresa de Pedro Fernández de Lugo fue alistar la expedición que iba a descubrir a las cabeceras del río Magdalena. La confió a Gonzalo Jiménez de Quesada, a quien nombró general de la fuerza el 1 de abril de 1536. Partió el 6 del mismo mes y año, dividida en dos grupos; unos seiscientos soldados por tierra y cuatrocientos por mar. Sabido es que Quesada incumplió las órdenes y descubrió y conquistó el riquísimo país de los Mwiska o Chibchas, donde fundó el Nuevo Reino de Granada, pero ésta es otra historia que no alcanzó a vivir Pedro Fernández de Lugo, muerto poco después en Santa Marta el 15 de octubre de 1536, según señaló el cronista Flórez de Ocáriz y ratificaron Castellanos, Simón, Zamora y Piedrahita. En Santa Marta le sucedieron Jerónimo Lebrón y luego su hijo Alonso. En cuanto a la figura de Pedro Fernández en la historia de Colombia no ha contado con muchos detractores, pese a las atrocidades que cometió durante la conquista de los indios Bondas. Ernesto Restrepo señaló que fue “un hidalgo a carta cabal y su pérdida fue generalmente sentida, pues supo captarse el cariño y la estimación de cuantos le rodeaban. No fue menos valiente que sus heroicos compañeros de conquista...

De corazón bondadoso, compartía los sufrimientos de sus soldados y trataba de aliviarlos con sus dineros y asistiéndolos en sus enfermedades. No fue cruel con los indígenas, aunque, acosado por tanto enemigo, se vio obligado a quemarles sus poblaciones para tratar de someterlos, obedeciendo a las necesidades de la guerra y a las costumbres de la época.

jueves, 14 de mayo de 2020

Quesada en Chía

El siguiente texto es tomado del libro "La Ciudad de los Conquistadores 1536 - 1604" del distinguido Historiador, Germán Rodrigo Mejía Pavony

https://www.javeriana.edu.co/editorial/libros/ciudad-conquistadores-165302

Mi objetivo es despertar el interés en conocer parte de la historia de nuestro municipio de Chía y remitir a las personas deseosas de saber más,  a las fuentes que consulto. tambien en honor a la verdad, solicitar a las personas conocedoras de los temas, que me señalen si hay algún error en la información y enriquecer el blog con sus conocimientos.



En el país de los muiscas

... (de 600 que salieron de Santa Marta)...Fueron 180 soldados los que finalmente ascendieron la cordillera y llegaron, comenzando el mes de marzo de 1537, al mismo lugar donde semanas antes habían sido avistados muchos bohíos, caminos y, en particular, un poco de oro y algunas esmeraldas. Un nuevo problema tuvieron que enfrentar pues no traían con ellos a alguien que hablara la lengua de los lugareños, así que tuvieron que buscar por señas, el sitio donde se hacían los Panes de Sal Y las coloridas mantas de algodón que igualmente habían encontrado en los bohíos que les habían servido de descanso en el duro camino hasta ese momento recorrido. A partir del valle de la Grita, la ruta que siguieron hasta el cercado del Zipa los llevó por regiones que, por lo pobladas que las encontraban, maravillaron a los conquistadores. Unos catorce o quince días duraron en esta correría (de San Martín y de Lebrija, 1993 [1539] P. 97), pasando por Chipatá, al norte de la población de Vélez, donde arribaron el 4 de marzo, y las actuales localidades de Moniquirá, Sorocotá y Sutamerchán, hasta llegar a la laguna de Fúquene y a Guachea, lugar que alcanzaron el doce del mismo mes y que los españoles llamaron San Gregorio por ser ese su día. De allí partieron a Suesca y Nemocón, lugar en el que finalmente entendieron que los muiscas hacían la sal “de pozos a mano, y de la misma agua de ellos beben, y es algo salada, y cuecenla para hacerla Sal, y unos panes grandes hacen de ella. Y así salieron de su ignorancia los españoles, que pensaban que era laguna donde aquella sál se hacía” (Fernández de Oviedo, 1959, tomo 3, P. 109). El encuentro entre los naturales y los foráneos paso rápido del asombro a la desconfianza y, finalmente, a los hechos de armas.

Hasta la población de Suesca los enfrentamientos fueron esporádicos y de poca intensidad. Sin embargo, a medida que se acercaban a los sitios de residencia del Zipa, que en ese momento era Tisquesusa, se hizo evidente que nada lograría hacerlos regresar al lugar de donde habían venido O, al menos, engañarlos de manera que pasaran de largo sin entrar en sus dominios. Evitar esto último era estratégico y, por ello, el Señor de Bogotá se adelantó a presentarles batalla en el valle de Tibitó, cerca de Nemocón, sitio al que llegó en andas cubiertas de oro y acompañado, como era la costumbre, de los esqueletos de valientes guerreros que le servía de standarte (Groot, 1953, tomó 1,p.154). Jiménez de quesada se vio en grave peligro pues había dividido el grueso de su ejército al enviar una avanzada en dirección de Zipaquirá,

E así hubo de llegar la vanguardia de los enemigos a dar en la retaguardia de los cristianos; y tocada alarma y puesta por la obra la batalla, viéronse tan buen recaudo los nuestros y con tanto esfuerzo, y por la diligencia y buena maña de su General, que mediante Dios, los indios fueron vencidos y desbaratados, y muertos muchos de ellos (Fernández de Oviedo, 1959, tomo 3, P.109).

Tisquesusa se dio a la fuga, retirándose primero a Cajicá, lugar en el que dispuso quedará un numeroso grupo en armas con el fin de demorar la persecución que le hacían los españoles. A los guerreros que debían quedar allí los arengó, según dicen algunos cronistas, “ diciéndoles que no hallaba cómo resistir a los hijos del sol que como venidos del cielo, despedían truenos y rayos” (Groot, 1953, tomo 1, p. 154). Luego, el Zipa siguió su rápida marcha a la que consideraba su residencia principal, el cercado de Bogotá, unos pocos, entre capitanes y soldados, siguieron a los indios en su fuga hacia Cajicá, sitio al que los españoles llamaron pueblo nuevo y sobre el que la relación de 1550 dice que

 

Era muy hermoso, de pocas casas y muy grandes, de paja muy bien la obra, las cuales casas estaban muy bien cercadas de una cerca de hazes de cañas por muy gentil arte obradas, tenían 10 o 12 puertas, con muchas vueltas de muralla en cada puerto, era cercado el pueblo de dos cercas, tenía entre cerca y cerca una muy grande plaza y entre las casas tenía otra muy hermosa plaza, una casa de ellas estaba llena de tasajos de venados curados sin sal (relación de Santa Marta [ca.1550], 1993,p.170).

 Allí, en un último intento, los guerreros dejados por el Zipa con los españoles al frente, en solitario, uno de los indios de el cercado reto a los españoles, desafío que aceptó Lázaro Fonte. Este, con el consentimiento de sus compañeros, salió en su caballo a encontrar al retador, lo tomó por el cabello y alzando lo lo condujo hasta la empalizada, lo que ocasionó que los demás nativos que allí esperaban para atacar a los extranjeros emprendieran una rápida y definitiva fuga. La guerra directa, como mecanismo de defensa de los naturales, había fracasado; sin embargo, durante estos primeros años nunca abandonaron por completo el recurso a esta opción. Además, pronto aprendieron que el engaño y las acciones furtivas podían ser más efectivas, pero igualmente constataron que aunque podrían resistir no lograrían jamás vencerlos. Luego de los sucesos de cajicá, finalizando el mes de marzo, Jiménez de quesada pasó a Chía, lugar en el que aprovechó la semana Santa Para dar un descanso a sus tropas y donde permaneció hasta el domingo siguiente al de resurrección. Que es el de cuasimodo. Durante el tiempo que estuvieron en estas tierras, entendieron los españoles que las profundas divisiones que se daban entre los diferentes caciques les daría una gran ventaja en la tarea de someterlos que rescatar el oro, las esmeraldas y las mantas que en grandes cantidades tenían los naturales y que ellos veían con asombro y ambición. En este sentido, por ejemplo, cuenta aguado que En en ese tiempo el cacique y Señor de chía, donde estaba el General alojado, vino de paz y a la amistad del General y le sirvió y ayudó en todo lo que pudo con su sujetos, a los cuales mantuvo que fuesen siempre amigos de los españoles y les ayudasen y favoreciesen cuanto pudiesen contra Bogotá, porque este principal, por particular y antigua enemistad tenía, deseaba ver su ruina y que los españoles le sujetasen y domasen, por ser hombre indómito, y con demasiada elación y soberbia trataba a los demás Caciques, sus feudatarios (1906, p.135). Lo mismo sucedió con otro Señor de la tierra, el de Suba, que no sólo hizo amistad con los españoles sino que se convirtió al catolicismo, siendo el primero, para gran satisfacción de los capellanes de la hueste, Fray domingo de las casas y Antón de Lezcames. El Zipa castigó con dureza los regalos que algunos Caciques hacían a los conquistadores y, en especial, trató de impedir alianzas, pues mando que “ matasen a los que iban a llevarles comida y mantas a los cristianos, los cuales lo hicieron y a muchos daban de palos y les quitaban la comida y algunos de ellos les rasgaba en las mantas y se las ataban al pescuezo por gran deshonra” Relación de Santa Marta [ca. 1550],1993,p.171)

 https://libreriasiglo.com/ciencias-sociales-y-humanidades/2300-ciudad-de-los-conquistadores-1536-1604-la.html#.Xr2CZv9KheN


martes, 12 de mayo de 2020

Descubrimiento y Colonización


Joaquín Acosta
Coronel del Ejército Libertador
1844
 Descubrimiento  Y Colonización
De la Nueva Granada
 Prologo    

Hace  ya  muchos  años  que  se siente  la necesidad  de una  obra  que instruya  a  nuestra  juventud en la historia  antigua  de  Nueva  Granada.  Para  llenar  ese  vacío  me  propuse  reimprimir  alguno  de los  autores  antiguos  que  tratan de la  materia ;  pero  leyendo  detenidamente  cuanto  poseemos  impreso  o  manuscrito  respecto del  Virreinato  del  Nuevo Reino de Granada,  observé  que  las  narraciones de los cronistas,  además de ser incompletas,  se  hallan recargadas  de  fábulas  y  de  declamaciones  que  ocultan  y  ahogan,  por decirlo así,  los  hechos  esenciales.  El  lenguaje  mismo antiguo,  grande atractivo  para  el  que ha  adquirido  el hábito de  leer  aquellos  escritos,  es  un  obstáculo  para el común de los lectores  a  quienes  su  profesión  y  ocupaciones  no  permiten  consagrar el tiempo necesario  para  sacar el jugo  a  memorias  añejas  y  separar  en  ellas  el  grano  de  la  paja.
Valiéndome  de  estas  crónicas  y  de  otros  documentos,  traté  entonces de componer  una  narración  completa  y  exacta,  aunque  compendiosa,  reproduciendo las  impresiones que había recibido con la lectura  de aquellas obras, conservándoles  su  interés  y  supliendo  las unas  con  las otras.   Esta  es  la  que  me  atrevo  a  dar  a  luz,  esperando  que sea de alguna utilidad,  mientras  una  pluma  más  diestra   se  haga  cargo de la  empresa.
…He  tenido la oportunidad de recorrer mucha parte de Nueva Granada  y de los lugares donde ocurrieron los sucesos más importantes  de aquél  descubrimiento.  En  1834  hice una excursión desde el valle  del  Socorro al del  Magdalena,  con el distinguido  y  malogrado  botánico  doctor Céspedes.  Allí vimos las selvas vírgenes,  las raíces seculares  entreveradas  y los despeñaderos que opusieron tantos  obstáculos  a  Gonzalo Jiménez de Quesada,  después a  Jerónimo Lebrón y más tarde a  Lugo,  hasta que se abandonó  esta ruta.  Tan inculta región se halla actualmente  en el mismo estado que en  1538,  y es la única de lo interior de la  República en donde hay todavía  indígenas  no reducidos  e  independientes.
Mandando  un cuerpo de tropas he pasado  en 1841 de  Antioquia  a  Anserma,  siguiendo las huellas del  Licenciado Vadillo desde  Caramanta,  y verificando las relaciones de los cronistas.  A  fines del mismo año me encomendó  el  General en Jefe del Ejército del Sur  el mando de una columna de operaciones para sujetar a los indios  Paeces,  cuya lengua,  costumbres,  maniobras  y  ardides  han  variado tan poco desde la época del descubrimiento,  como  el aspecto de las faldas del Huila  o  la naturaleza de los desfiladeros  y pasos difíciles  que forma  el  río Páez  en su torrentoso curso.
He vivido en pueblos  en donde la raza pura de los  Chibchas se mantiene aún,  y he recogido las palabras  que todavía conservan de su antiguo idioma,  algunas de las cuales se han convertido en términos provinciales.  También he visitado,  aunque bien joven,  siendo Subteniente  del  Ejército de Colombia,  las tribus de los indios  Cunas,  que habitan en las orillas del  Golfo del Darién.
Después de haber reunido todos los materiales que pude en el país,  para lo cual fui auxiliado con toda  deferencia por los  Reverendos Prelados de los conventos de  San Francisco,  Santo Domingo,  agustinos  calzados  y  descalzos de Bogotá,  hice  un  viaje  a  España ,  visité  los  Archivos de Indias,  en donde se hallan reunidos  todos los documentos de los antiguos dominios  ultramarinos españoles,  y me persuadí de que la colección hecha  por don  Juan Bautista Muñoz,  encargado en 1779  de escribir la  Historia de América,  es la más completa y contiene  todos los documentos esenciales sobre el descubrimiento,  pues cuantos me llamaron la atención en  Sevilla,  sea propios de aquel  archivo  o  trasladados del de Simancas,  tenían la nota de haber sido copiados para Muñoz.  He disfrutado de ésta colección,  de que existe una copia,  la de don Antonio Uguina,  en la  biblioteca de  Mr.  Ternaux Compans,  quien generosamente me ha permitido  usar de ella como amigo de las letras,  que desea que los tesoros manuscritos  no permanezcan sepultados  y  ocultos.

Capítulo  X1


Extensión  y  límites  del  territorio de los  Chibchas  o  Muiscas.  – Gobierno  civil.  –Ceremonias  religiosas.  --  Mitología de los Chibchas,  sus  usos  y  costumbres.  –Guerras civiles. --  Agricultura  y  ferias periódicas  y  concurridas.


El  país  de  los  Chibchas comprendía las planicies de Bogotá  y  Tunja,  los valles de  Fusagasugá,  Pacho,  Cáquesa  y  Tensa,  todo el territorio de los cantones de Ubaté,  Chiquinquirá,  Moniquirá,  Leiva,  y  después  por  Santa Rosa  y  Sogamoso  hasta lo más alto de la cordillera,  desde  donde se divisan los llanos  de  Casanare.  El punto más extremo  al  Norte  vendría  a ser  Cerinza,  por  los    de  Latitud,  y al sur  Sumapaz,  por los  4º .  mas como la dirección del eje más largo de esta elipse  no es exactamente en el sentido del meridiano,  puede calcularse su longitud  en cerca de  cuarenta y cinco leguas de veinte al grado,  y  su  anchura media de  doce a quince leguas,  con la  superficie de poco más de  seiscientas leguas cuadradas,  y con una población aproximada de  2.000 habitantes  por  cada legua  cuadrada,  tan considerable  como la de cualquiera de los países cultos de Europa.
Esta población así acumulada,  la mayor parte en tierra fría,  sin ganados que le procurasen alimentos nutritivos,  o que la auxiliasen en las  faenas de la agricultura,  necesitaba para vivir ser  con extremo sobria  y  laboriosa,  y con efecto lo era, pues no solo se mantenía en la abundancia,  sino que conducía sus sobrantes a los mercados de los países circunvecinos,  en donde los cambiaba por oro,  pescado  y algunos frutos de las tierras calientes.
¡ Singular  configuración la de un suelo como el de Nueva Granada,  que desde los tiempos primitivos está indicando a sus habitantes  que deben unirse con los vínculos más estrechos para consultar la satisfacción de sus necesidades  y  vivir  felices ;  y aviso claro de que contra lo que está marcado con el sello de la naturaleza  encallarán siempre las tentativas de los legisladores inexpertos,  que no consulten en sus obras ni las lecciones de la historia  ni las leyes externas que rigen a las sociedades desde su cuna !
Lindaban los Chibchas por el Occidente con los  Muzos,  Colimas  y  Panches,  tribus guerreras y feroces,  con quienes vivían en perpetua hostilidad.  Por el Norte,  con los  Laches,  los  Agataes  y  Guanes,  y por el  Oriente,  con las tribus poco numerosas que habitaban hacia los  llanos,  el declive de la cordillera oriental.
Tres  jefes principales  dominaban con absoluto imperio y eran obedecidos ciegamente en los pueblos  Chibchas :  El ZIPA,  que tenía su asiento en  Muequetá  (hoy  Funza)  ,  lugar rodeado entonces de lagunas  y de brazos del río principal que riega la hermosa llanura,  cuyo medio  ocupaba la población.  El ZAQUE,  que originariamente habitaba en Ramiriquí,  y que posteriormente  se trasladó a  Hunza  o  Tunja.  Últimamente  el  jefe de  Iraca,  que participaba del  carácter religioso como sucesor designado por  Nemterequeteba,  civilizador  de éstas regiones,  el cual llegó a ellas,  según la tradición universal,  por la vía de Oriente del lado de  Pasca,  y desapareció  en  Suamoz,  que hoy decimos  Sogamoso,  de cuyo punto hacia los llanos  habían construido los habitantes una ancha calzada,  de la cual se veían todavía restos  a fines del  siglo XVII.
Los  usaques  o señores de los  pueblos  de  Ebaque,  Guasca,  Guatavita,  Zipaquirá,  Fusagasugá  y  Ebaté,  habían dejado de ser independientes no hacía  muchos años.  El Zipa  los sujetó,  aunque conservándoles su jurisdicción y la sucesión en sus familias del cacicazgo,  a que él se reservaba nombrar  solo por falta de heredero,  en cuyo caso escogía casi siempre de entre los  Guechas  o  jefes militares de las tropas,  que siempre mantenía  en las fronteras de los  Panches,  a fin de defender sus dominios  de las irrupciones, sorpresas y pillajes de estos vecinos inquietos y belicosos,  en cuyo territorio solía entrar para vengar estas hostilidades.
El Zaque  de  Hunza  tenía también algunos jefes tributarios,  pero el Zipa  ensanchaba cada día sus dominios a expensas de su vecino del  Norte  porque sus tropas estaban más aguerridas por el continuo lidiar con los infatigables  Panches ,  tan difíciles de sujetar a causa de la aspereza del terreno que habitaban, y de cuyo conocimiento sabían aprovecharse perfectamente.  Sin la llegada de los españoles es probable que el  Zipa de Bogotá  se habría apoderado de todo el territorio de los Chibchas (1),  si hemos de juzgar por los progresos rápidos que sus conquistas habían hecho en los últimos sesenta años,  de los cuales tenemos alguna noticia


…Creyendo el  Zipa que ya podía vengar agravios antiguos,  se resolvió a marchar a  Hunza  o  Tunja,  con más de  cuarenta mil hombres.  El  Zaque,  auxiliado por el de  Suamoz,  salió a  encontrarle  hasta  las inmediaciones

(1)         “ Apoderado de  Ebaté,  dice el señor Piedrahita,  pasó a  Susa  con celeridad,  vencida alguna oposición que su cacique le hizo en  Fúquene.   No corrió  menos  áspera  fortuna  el  Simijaca,  y  confesaron los tres caciques,  debajo de un yugo,  que a los que divide un vano pundonor,  los une muy de ordinario  una infame  esclavitud.”
(2)         Merece consignarse aquí la descripción del valle de Ebaté  hecha con mucha exactitud  y  concisión  por el señor Piedrahita :
“Es lo más  della  tierra  llana,  en que medía solamente el pueblo  de  Fúquene,  situado en una colina  entre las grandes poblaciones de  Ebaté  y  Susa :  cíñenla  por una parte   páramos fuertes  y  ásperos montes que la dividen de los  Musos,  y  por la otra  la gran  Laguna de  Fúquene,  que la resguardaba de las invasiones del cacique de  Tinjacá,  y  otros señores comprendidos  en las provincias  que hoy se llaman  Tunja.  Su longitud será de más  de  cuarenta millas italianas,  y  su latitud ,  angosta e incierta de medir,  por el retorcido  giro que forman los montes del páramo a cuyas faldas se extiende.”

de  Chocontá,  y dicen los cronistas que le propuso librara a un combate singular el suceso sin derramar la sangre de sus  súbditos,  lo que sus oficiales no quisieron permitir que el  Zipa  aceptase,  haciéndole creer que era contrario a su dignidad medirse con un personaje tan inferior.  Trabóse,  pues,  una reñida batalla cerca  del arroyo de las vueltas,  que duró un día entero.
Los combatientes eran  cien mil por ambos lados,  y aunque las armas no eran del mejor temple,  pues se reducían a macanas,  dardos,  tiraderas de carrizo  y  hondas,  no dejó por esto de ser sangrienta.  El Zipa  gravemente herido,  fue sacado por sus súbditos del campo de batalla,  quedando  Hunza  victorioso, pero sin deseo de emplearse en su persecución,  lo que raramente hacían éstos indígenas,  por entregarse a los regocijos y borracheras que seguían a la victoria.   Nemequene  trasladado en sus andas con extraordinaria rapidez,  por el número considerable de cargueros que se remudaban a cortas distancias,  expiró  el quinto día de llegado a  Muequetá,  dejando por sucesor  a  Thisquezuza,  que fue el que hallaron los españoles mandando en el país.   Thisquezuza, después de rehacer sus tropas,  sujetó a los caciques de  Cucunubá,  Tibirita  y  Garagoa,  y aún estaba a punto de venir a las manos con el Zaque de  Hunza,  sin la intervención  de  Nompaneme  de  Suamoz,  que les hizo concluir  una tregua de  veinte lunas,  valiéndose  de la influencia religiosa.
Tal es en resumen la serie de los sucesos del medio siglo que precedió a la llegada de los españoles,  y sobre los cuales,  sin embargo,  la tradición es confusa y dudosa.  No así respecto de su mitología,  usos y costumbres,  en cuyo apoyo se encuentra el testimonio conteste de diferentes autores que no pudieron copiarse.  Sin embargo,  antes de pasar en revista sumaria lo que se nos ha transmitido  respecto de los usos,  costumbres,  ritos,  etc.,  de los  Chibchas,  debo decir algo de los dos jefes principales que dominaban en el Norte,  y al primero de los cuales,  el  Zaque de Hunza,  según creen algunos,  estuvo en otro tiempo sujeto  todo el territorio  Chibcha,  cuando para evitar las guerras intestinas  nombró  el  Pontífice  de  Iraca,  que era venerado de todos,  a  Hunsahua  por  jefe superior,  a quien sucedieron sus descendientes hasta  Thomagata,   gran hechicero conocido con el nombre de  Cacique rabón,  porque arrastraba  cierta cola bajo los vestidos,  y decía que tenía poder para convertir los hombres en animales.  Thomagata  no tuvo hijos,  y le sucedió un hermano llamado  Tutasúa. Poco a poco fueron perdiendo sus sucesores el dominio en el territorio del Norte,  hasta verse amenazados  bajo el último  Zaque Quemunchatocha  de ser incorporados en las tierras del Zipa de Bogotá.

Al tiempo de la entrada de los españoles se extendía la jurisdicción de  Hunza  o  Tunja  por el Oriente,  hasta la cordillera ;  al Occidente, hasta  Sáchica  y  Tinjacá ;  al Sur a  Turmequé,  y al Norte el cacique  Tundama,  que era independiente,,  y las tierras santas de  Iraca  o  Sugamuxi (el desaparecido).  Era éste último  jefe  y  sacerdote,  elegido alternativamente de entre los naturales de los pueblos de  Tobaza, y  Firavitoba,  y por los cuatro caciques vecinos : Gámeza,  Busbanzá,  Pesca  y  Toca,  que así lo dejó establecido políticamente  Nemterequeteba  o  Idacanzas  el  instructor de los  Chibchas,  a su muerte,  la cual probablemente ocultó  sólo para dejar a su palabra una sanción religiosa,  como en efecto se conservó por siglos,  pues en cierta ocasión  en que un cacique audaz de  Firavitoba  quiso usurpar el sacerdocio,  fue abandonado por los suyos  y  pereció miserablemente  sin conseguir su objetivo,  continuando la elección y la regla  constitucional 

CIELO DE LOS CHIBCHAS  Y  SUS  TRADICIONES  MITOLÓGICAS

Al principio del mundo la luz estaba encerrada en una cosa grande que no saben describir,  y que llaman  CHIMINIGAGUA  o  el Creador ;  lo primero que salió de allí fueron unas aves negras  que,  volando por todo el mundo,  lanzaban por los picos un aire  resplandeciente  con que iluminó la tierra.  Después de  Chiminigagua   los seres más venerados eran  el  sol  y  la  luna  como su compañera.
El mundo se pobló de la manera siguiente :  poco  después que amaneció el primer día,  salió de la  laguna  de  IGUAQUE,  a cuatro leguas al Norte de Tunja,  una mujer hermosa llamada  BACHÚE  o  FUNZACHOGUA, que quiere decir  mujer buena,  con un niño de tres años.  Bajaron luego a lo llano  en donde vivieron hasta que,  ya adulto el niño,  casó con la  Bachúe,  y en ellos comenzó el género humano,  que se propagó con extraordinaria rapidez.  Pasados muchos años,  viendo la tierra poblada,  volvieron a la misma laguna,  y convirtiéndose en serpientes, desaparecieron en sus aguas.
Los Chibchas veneraban a la Bachúe,  y se veían estatuas pequeñas de oro y de madera,  representándola con el niño en diversas edades.  Creían éstos indígenas que las almas salen de los cuerpos que mueren,  y bajan al centro de la tierra  por unos caminos y barrancas de tierra amarilla y  negra,  pasando primero un gran río en una balsa fabricada de telas de arañas, por cuyo motivo no era permitido matar estos insectos.  En el otro mundo tiene cada provincia  sus términos y lugares señalados, en donde encuentran sus labranzas,  porque la idea de ocio no estaba ligada en ellos con la  de  la  bienaventuranza.
Adoraban a  BOCHICA  como  dios  bienhechor,  y  a  CHIBCHACUM como dios encargado particularmente  de la  nación  Chibcha  y con especialidad de ayudar a los labradores,  mercaderes  y  plateros,  porque el  Bochica  era también dios  particular  de  los  Ubsaques  y  capitanes  y de sus familias.
NENCATACOA  era  el  dios  de los  pintores de mantas,  tejedores  y  presidía  a las borracheras y a las rastras de maderos que bajaban de los bosques.  Lo representaban en figura de oso cubierto por una manta y arrastrando la cola.  A este no le presentaban ofrendas de oro,  cuentas ni otros dijes  como a los otros,  porque decían que le bastaba  hartarse de Chicha  con ellos.  Este  Baco Chibcha  era el dios de la torpeza,  no le guardaban consideración alguna  y decían que bailaba y cantaba con ellos.  Lamábanle también  FO  o  SORRA.
El dios que tenía a cargo los linderos de las sementeras y los puestos en las procesiones y fiestas,  se llamaba  CHAQUEN,  y le ofrecían las plumas y diademas con que se adornaban en los combates y en las fiestas.
La diosa  Bachúe,  origen del género humano,  tenía también a su cargo las sementeras  de  legumbres,  y quemaban en su honor  moque  y  otras  resinas.
Adoraban también el  arco iris  bajo el nombre de  CUCHAVIRA,  y era especialidad para los enfermos de calentura.  Solían invocarle las mujeres de parto.  Las ofrendas que se le hacían eran esmeraldillas pequeñas,  granitos de oro bajo,  y cuentas de colores que venían desde el mar por cambios.  Este culto se fundaba  sobre la tradición más general  que hallaron los españoles,  tradición  vulgar hoy en Nueva Granada.
Indignado  Chibchacum,  decían los indígenas de los excesos de los habitantes de la planicie de Bogotá, decidió castigarlos anegando sus tierras,  para lo cual lanzó repentinamente  sobre la llanura los dos ríos  Sopó  y  Tibitó,  afluentes principales del  Funza,  que antes corrían hacia otras regiones,  las cuales la transformaron en un vasto lago.  Refugiados los Chibchas en las alturas,  y en vísperas de perecer de hambre,  dirigieron sus ruegos al Bochica,  el cual se apareció una tarde al ponerse el sol en lo alto de un arco iris,  convocó la nación y le prometió remediar sus males,  no suprimiendo los ríos,  que podían serles  útiles en tiempos secos para  regar sus tierras,  sino dándoles salida (1),  Arrojando entonces la vara de oro que tenía en las manos,  abrió esta la brecha suficiente en las rocas de  Tequendama,  por donde se precipitaron las aguas,  dejando la llanura enjuta y más fértil con el limo acumulado.
Ni se limitó a esto el justiciero Bochica,  sino que para castigar a Chibchacum de haber afligido a los hombres,  le obligó a cargar la tierra  que antes estaba sostenida por firmes estantillos de  Guayacán.  Desgraciadamente esta medida no ha dejado de traer sus inconvenientes,

…El Obispo Piedrahita es el tercer historiador de las cosas del  Nuevo Mundo,  en cuyas venas corría sangre indígena.  El  Capitán  J.  Muñoz Collantes,  uno de los conquistadores del  Nuevo Reino de Granada,  residió  también en el  Perú,  y en doña  Francisca Coya,  de la sangre de los  Incas,  tuvo  una  hija  doña  Mencía de Collantes,  que  casó  con el  Capitán  don  Alonso de Soto,  los que fueron bisabuelos de nuestro historiador.   Todos  saben  que  el  célebre  cronista  Peruano Garcilaso de la Vega  fue  hijo del ilustre  Capitán español  Garcilaso de  la  Vega  y  de  Isabel  Palla,  nieta  de  Tupac Yupanquí,  uno  de los  últimos  Incas,  y  pocos  ignoran  que  Fernando de Alva  Yxtlixochilt,  que escribió  la  Historia Chichimeca,  era descendiente de los soberanos de  Texcuco  en  Méjico.

El  Padre  Fray  Alonso de Zamora  nació  en  Bogotá  hacia la mitad del siglo XVII,  recibió  el hábito de religioso en el convento de predicadores,  en donde hizo sus estudios  con lucimiento,  siendo después  empleado por sus prelados  como misionero.  De vuelta  a  Bogotá  fue conocido como predicador distinguido,  hábil  teólogo  y  literato,  mereciendo ser nombrado examinador  sinodal  del  Arzobispado.  Sus estudios y  la  inclinación que manifestó por colectar documentos relativos a la historia antigua,  lo  designaron naturalmente a su prelado,  el  Ministro General  Fray  Antonio  Cloche,  para el destino de cronista de la Orden,  y,  en consecuencia,  recibió  éste título  y  el  mandato  para escribir la  historia general de la Provincia  de  San Antonio  del  Nuevo Reino de Granada,  orden que lo rodeó de graves dificultades,  porque su prelado lo puso,  como dice él mismo  refiriéndose  al profeta  Ezequiel,  en medio de un campo lleno de huesos muy antiguos,  a fin de que los resucitase.   Et  dimisit me  un  medio  campi,  qui  erat  plenus  ossibus,  erant  autem  multa  valde,  ciccaque  vehementer.  Y le pareció  que le decía   vaticinare  de  ossibus  isti.  Y  añade  que no permitiendo vaticinios  ni adivinaciones  las historias humanas,  reconoció  que solo la verdad había de vivificar aquellos huesos,  sacando  el sepulcro del olvido  las acciones de los religiosos de su  Orden,  sus peregrinaciones  y  trabajos en la predicación del  Evangelio.

A  principios de  1696  terminó  su obra,  que se imprimió  en  Barcelona  en  1701.  Para ella consultó :

    Todos los libros y papeles  antiguos del convento grande de  Santa Fe de Bogotá  y los que se le remitieron de  Cartagena  y  Tunja.

     Los memoriales de servicios presentados por los religiosos  que estaban archivados  en el  Juzgado arzobispal,  y en los Cabildos  eclesiástico  y  secular,  y las provisiones de la  Real Audiencia en su favor,  las cédulas reales,  bulas apostólicas,  patentes de los prelados,  actas de sus capítulos  generales y provinciales.

     Las  Historias  de  Indias,  especialmente  las  Décadas  de  Herrera,  El  Manuscrito  del  Licenciado Alonso Garzón de Tauxte,  Cura  Rector  de la  catedral de Bogotá  por muchos años  desde 1585.

     El  Compendio  Historial  del  Adelantado Quesada,  firmado de su nombre.

    Los  Nobiliarios  de  Ocáriz,  los  tres tomos del  P. F. P. Simón  y  últimamente  la  Historia   del  Obispo Piedrahita,  la cual critica más de una vez,  sobre todo  cuando el  Obispo juzga  las  acciones  no muy  ajustadas de algunos  religiosos.

El  Padre Zamora  tiene  todavía  mas dosis de credulidad  y  menor de buena  crítica  que sus  predecesores  de que hemos hablado,  y respecto de los individuos de su  Orden  es un panegirista  más bien  que un  historiador,  el  cual debe colocar las luces y las sombras  inseparables  de la  naturaleza humana,  lo  que da mayor realce  y más utilidad  a la  historia. La del cronista  dominicano  contiene,  sin embargo,  datos,  hechos  y  circunstancias  interesantes que no se hallan en otra parte,  y  que ayudan  a  formar el juicio del  historiador.

La  Historia  del  Nuevo  Reino  de  Granada  del  jesuita  Cassani  da mucha  luz  sobre las misiones,  pero se refiere a una época más moderna,  porque los  jesuitas no  entraron  hasta el año de  1598  en  el  Nuevo Reino de Granada,  y  por lo tanto no nos  toca juzgarla  en esta parte de nuestro trabajo.  Este libro se imprimió  en  Madrid  en 1741.  Hablaremos en su lugar del autor y de la obra,  junto con las de los  Padres  Gumilla  y  Julián,  que se publicaron  también  en  España  en la segunda mitad del  Siglo XVIII.


INSTITUTO CARO Y CUERVO