Joaquín Acosta
Coronel
del Ejército Libertador
1844
Descubrimiento Y Colonización
De la Nueva Granada
Prologo
Hace ya muchos
años que se siente
la necesidad de una obra
que instruya a nuestra
juventud en la historia
antigua de Nueva
Granada. Para llenar
ese vacío me
propuse reimprimir alguno
de los autores antiguos
que tratan de la materia ;
pero leyendo detenidamente
cuanto poseemos impreso
o manuscrito respecto del
Virreinato del Nuevo Reino de Granada, observé
que las narraciones de los cronistas, además de ser incompletas, se
hallan recargadas de fábulas
y de declamaciones
que ocultan y
ahogan, por decirlo así, los
hechos esenciales. El
lenguaje mismo antiguo, grande atractivo para
el que ha adquirido
el hábito de leer aquellos
escritos, es un
obstáculo para el común de los
lectores a quienes
su profesión y
ocupaciones no permiten
consagrar el tiempo necesario
para sacar el jugo a
memorias añejas y
separar en ellas
el grano de
la paja.
Valiéndome de estas
crónicas y de
otros documentos, traté
entonces de componer una narración
completa y exacta,
aunque compendiosa, reproduciendo las impresiones que había recibido con la lectura de aquellas obras, conservándoles su
interés y supliendo
las unas con las otras.
Esta es la
que me atrevo a
dar a luz,
esperando que sea de alguna
utilidad, mientras una
pluma más diestra
se haga cargo de la
empresa.
…He tenido la oportunidad de
recorrer mucha parte de Nueva Granada y
de los lugares donde ocurrieron los sucesos más importantes de aquél
descubrimiento. En 1834
hice una excursión desde el valle
del Socorro al del Magdalena,
con el distinguido y malogrado
botánico doctor Céspedes. Allí vimos las selvas vírgenes, las raíces seculares entreveradas
y los despeñaderos que opusieron tantos
obstáculos a Gonzalo Jiménez de Quesada, después a
Jerónimo Lebrón y más tarde a
Lugo, hasta que se abandonó esta ruta.
Tan inculta región se halla actualmente
en el mismo estado que en
1538, y es la única de lo
interior de la República en donde hay
todavía indígenas no reducidos
e independientes.
Mandando un cuerpo de tropas he
pasado en 1841 de Antioquia
a Anserma, siguiendo las huellas del Licenciado Vadillo desde Caramanta,
y verificando las relaciones de los cronistas. A
fines del mismo año me encomendó
el General en Jefe del Ejército
del Sur el mando de una columna de
operaciones para sujetar a los indios
Paeces, cuya lengua, costumbres,
maniobras y ardides
han variado tan poco desde la
época del descubrimiento, como el aspecto de las faldas del Huila o la
naturaleza de los desfiladeros y pasos
difíciles que forma el río
Páez en su torrentoso curso.
He vivido en pueblos en donde la
raza pura de los Chibchas se mantiene aún, y he recogido las palabras que todavía conservan de su antiguo
idioma, algunas de las cuales se han
convertido en términos provinciales.
También he visitado, aunque bien
joven, siendo Subteniente del
Ejército de Colombia, las tribus
de los indios Cunas, que habitan en las orillas del Golfo del Darién.
Después de haber reunido todos los materiales que pude en el país, para lo cual fui auxiliado con toda deferencia por los Reverendos Prelados de los conventos de San Francisco, Santo Domingo, agustinos
calzados y descalzos de Bogotá, hice
un viaje a
España , visité los
Archivos de Indias, en donde se
hallan reunidos todos los documentos de
los antiguos dominios ultramarinos
españoles, y me persuadí de que la
colección hecha por don Juan Bautista Muñoz, encargado en 1779 de escribir la Historia de América, es la más completa y contiene todos los documentos esenciales sobre el
descubrimiento, pues cuantos me llamaron
la atención en Sevilla, sea propios de aquel archivo
o trasladados del de
Simancas, tenían la nota de haber sido
copiados para Muñoz. He disfrutado de
ésta colección, de que existe una
copia, la de don Antonio Uguina, en la
biblioteca de Mr. Ternaux Compans, quien generosamente me ha permitido usar de ella como amigo de las letras, que desea que los tesoros manuscritos no permanezcan sepultados y
ocultos.
Capítulo X1
Extensión y
límites del territorio de los Chibchas
o Muiscas. – Gobierno
civil. –Ceremonias religiosas.
-- Mitología de los
Chibchas, sus usos
y costumbres. –Guerras civiles. -- Agricultura
y ferias periódicas y
concurridas.
El país
de los Chibchas comprendía las planicies de
Bogotá y
Tunja, los valles de Fusagasugá, Pacho,
Cáquesa y Tensa, todo el territorio de los cantones de Ubaté,
Chiquinquirá, Moniquirá, Leiva,
y después por
Santa Rosa y Sogamoso hasta lo más alto de la cordillera, desde
donde se divisan los llanos
de Casanare. El punto más
extremo al Norte
vendría a ser Cerinza, por
los 6º de
Latitud, y al sur Sumapaz,
por los 4º . mas como la dirección del eje más largo de
esta elipse no es exactamente en el
sentido del meridiano, puede calcularse
su longitud en cerca de cuarenta y cinco leguas de veinte al
grado, y
su anchura media de doce a quince leguas, con la
superficie de poco más de
seiscientas leguas cuadradas, y
con una población aproximada de 2.000
habitantes por cada legua
cuadrada, tan considerable como la de cualquiera de los países cultos de
Europa.
Esta población así acumulada, la mayor parte en tierra fría, sin ganados que le procurasen alimentos nutritivos, o que la auxiliasen en las faenas de la agricultura, necesitaba para vivir ser con extremo sobria y
laboriosa, y con efecto lo era,
pues no solo se mantenía en la abundancia,
sino que conducía sus sobrantes a los mercados de los países circunvecinos, en donde los cambiaba por oro, pescado
y algunos frutos de las tierras calientes.
¡ Singular configuración la de un suelo como el de Nueva
Granada, que desde los tiempos
primitivos está indicando a sus habitantes
que deben unirse con los vínculos más estrechos para consultar la
satisfacción de sus necesidades y vivir
felices ; y aviso claro de que
contra lo que está marcado con el sello de la naturaleza encallarán siempre las tentativas de los
legisladores inexpertos, que no
consulten en sus obras ni las lecciones de la historia ni las leyes externas que rigen a las
sociedades desde su cuna !
Lindaban los Chibchas por el Occidente
con los Muzos, Colimas
y Panches, tribus guerreras y feroces, con quienes vivían en perpetua hostilidad. Por el Norte,
con los Laches, los
Agataes y Guanes,
y por el Oriente, con las tribus poco numerosas que habitaban
hacia los llanos, el declive de la cordillera oriental.
Tres
jefes principales dominaban con
absoluto imperio y eran obedecidos ciegamente en los pueblos Chibchas :
El ZIPA, que tenía su asiento
en Muequetá (hoy Funza)
, lugar rodeado entonces de
lagunas y de brazos del río principal
que riega la hermosa llanura, cuyo
medio ocupaba la población. El ZAQUE,
que originariamente habitaba en Ramiriquí, y que posteriormente se trasladó a
Hunza o
Tunja. Últimamente el
jefe de Iraca, que participaba
del carácter religioso como sucesor
designado por Nemterequeteba, civilizador
de éstas regiones, el cual llegó
a ellas, según la tradición
universal, por la vía de Oriente del
lado de Pasca, y desapareció en Suamoz,
que hoy decimos
Sogamoso, de cuyo punto hacia los
llanos habían construido los habitantes
una ancha calzada, de la cual se veían
todavía restos a fines del siglo XVII.
Los
usaques o señores de los pueblos
de Ebaque, Guasca, Guatavita,
Zipaquirá, Fusagasugá y
Ebaté, habían dejado de ser
independientes no hacía muchos
años. El Zipa los sujetó,
aunque conservándoles su jurisdicción y la sucesión en sus familias del
cacicazgo, a que él se reservaba
nombrar solo por falta de heredero, en cuyo caso escogía casi siempre de entre
los Guechas o
jefes militares de las tropas,
que siempre mantenía en las
fronteras de los Panches, a fin de defender sus dominios de las irrupciones, sorpresas y pillajes de
estos vecinos inquietos y belicosos, en
cuyo territorio solía entrar para vengar estas hostilidades.
El Zaque de Hunza tenía también algunos jefes tributarios, pero el Zipa
ensanchaba cada día sus dominios a expensas de su vecino del Norte
porque sus tropas estaban más aguerridas por el continuo lidiar con los
infatigables Panches , tan difíciles de sujetar a causa de la
aspereza del terreno que habitaban, y de cuyo conocimiento sabían aprovecharse
perfectamente. Sin la llegada de los
españoles es probable que el Zipa de
Bogotá se habría apoderado de todo el
territorio de los Chibchas (1), si hemos
de juzgar por los progresos rápidos que sus conquistas habían hecho en los
últimos sesenta años, de los cuales
tenemos alguna noticia
…Creyendo
el Zipa que ya podía vengar agravios
antiguos, se resolvió a marchar a Hunza o
Tunja, con más de cuarenta mil hombres. El
Zaque, auxiliado por el de Suamoz,
salió a encontrarle
hasta las inmediaciones
(1)
“ Apoderado
de Ebaté, dice el señor Piedrahita, pasó a
Susa con celeridad,
vencida alguna oposición que su cacique le hizo en Fúquene. No corrió
menos áspera fortuna
el Simijaca, y confesaron los tres caciques, debajo de un yugo, que a los que divide un vano pundonor, los une muy de ordinario una infame
esclavitud.”
(2)
Merece
consignarse aquí la descripción del valle de Ebaté hecha con mucha
exactitud y concisión
por el señor Piedrahita :
“Es
lo más della tierra
llana, en que medía solamente el
pueblo de Fúquene,
situado en una colina entre las grandes poblaciones de Ebaté y Susa
: cíñenla por una parte páramos fuertes y
ásperos montes que la dividen de los
Musos, y por
la otra la gran Laguna de
Fúquene, que la resguardaba de las invasiones del
cacique de Tinjacá,
y otros señores comprendidos en las provincias que hoy se llaman Tunja. Su longitud será de más de
cuarenta millas italianas, y su latitud ,
angosta e incierta de medir, por
el retorcido giro que forman los montes
del páramo a cuyas faldas se extiende.”
de
Chocontá,
y dicen los cronistas que le propuso librara a un combate singular el
suceso sin derramar la sangre de sus
súbditos, lo que sus oficiales no
quisieron permitir que el Zipa aceptase,
haciéndole creer que era contrario a su dignidad medirse con un
personaje tan inferior. Trabóse, pues,
una reñida batalla cerca del
arroyo de las vueltas, que duró un día
entero.
Los
combatientes eran cien mil por ambos
lados, y aunque las armas no eran del
mejor temple, pues se reducían a
macanas, dardos, tiraderas de carrizo y
hondas, no dejó por esto de ser
sangrienta. El Zipa gravemente herido, fue sacado por sus súbditos del campo de
batalla, quedando Hunza victorioso, pero sin deseo de emplearse
en su persecución, lo que raramente
hacían éstos indígenas, por entregarse a
los regocijos y borracheras que seguían a la victoria. Nemequene trasladado en sus andas con extraordinaria
rapidez, por el número considerable de
cargueros que se remudaban a cortas distancias,
expiró el quinto día de llegado a Muequetá, dejando por sucesor a Thisquezuza, que fue el que hallaron los españoles
mandando en el país. Thisquezuza, después de rehacer sus
tropas, sujetó a los caciques de Cucunubá, Tibirita
y Garagoa, y aún estaba a punto de venir a las manos
con el Zaque de Hunza, sin la intervención de Nompaneme
de Suamoz, que les hizo concluir una tregua de
veinte lunas, valiéndose de la influencia religiosa.
Tal
es en resumen la serie de los sucesos del medio siglo que precedió a la llegada
de los españoles, y sobre los
cuales, sin embargo, la tradición es confusa y dudosa. No así respecto de su mitología, usos y costumbres, en cuyo apoyo se encuentra el testimonio
conteste de diferentes autores que no pudieron copiarse. Sin embargo,
antes de pasar en revista sumaria lo que se nos ha transmitido respecto de los usos, costumbres,
ritos, etc., de los
Chibchas, debo decir algo de los
dos jefes principales que dominaban en el Norte, y al primero de los cuales, el Zaque de Hunza, según creen algunos, estuvo en otro tiempo sujeto todo el territorio Chibcha,
cuando para evitar las guerras intestinas nombró
el Pontífice de Iraca,
que era venerado de todos,
a Hunsahua por jefe superior, a quien sucedieron sus descendientes
hasta Thomagata, gran hechicero
conocido con el nombre de Cacique rabón, porque arrastraba cierta cola bajo los vestidos, y decía que tenía poder para convertir los
hombres en animales. Thomagata no tuvo hijos,
y le sucedió un hermano llamado Tutasúa. Poco a poco fueron perdiendo
sus sucesores el dominio en el territorio del Norte, hasta verse amenazados bajo el último Zaque Quemunchatocha de ser incorporados en las tierras del Zipa
de Bogotá.
Al tiempo de la
entrada de los españoles se extendía la jurisdicción de Hunza o
Tunja por el Oriente, hasta la cordillera ; al Occidente, hasta Sáchica y Tinjacá
; al Sur a Turmequé, y al Norte el cacique Tundama, que era independiente,, y las tierras santas de Iraca o
Sugamuxi (el desaparecido).
Era éste último jefe y
sacerdote, elegido
alternativamente de entre los naturales de los pueblos de Tobaza,
y Firavitoba, y por los cuatro caciques vecinos : Gámeza,
Busbanzá, Pesca y
Toca, que así lo dejó
establecido políticamente Nemterequeteba o
Idacanzas el instructor de los Chibchas,
a su muerte, la cual probablemente
ocultó sólo para dejar a su palabra una
sanción religiosa, como en efecto se
conservó por siglos, pues en cierta
ocasión en que un cacique audaz de Firavitoba quiso usurpar el sacerdocio, fue abandonado por los suyos y
pereció miserablemente sin
conseguir su objetivo, continuando la
elección y la regla constitucional
CIELO DE LOS CHIBCHAS Y SUS
TRADICIONES MITOLÓGICAS
Al
principio del mundo la luz estaba encerrada en una cosa grande que no saben
describir, y que llaman CHIMINIGAGUA o
el Creador ; lo primero que salió
de allí fueron unas aves negras
que, volando por todo el mundo, lanzaban por los picos un aire resplandeciente con que iluminó la tierra. Después de
Chiminigagua los seres más venerados eran el
sol y la luna como su compañera.
El
mundo se pobló de la manera siguiente :
poco después que amaneció el
primer día, salió de la laguna
de IGUAQUE, a cuatro leguas al
Norte de Tunja, una mujer hermosa
llamada BACHÚE o FUNZACHOGUA, que quiere decir mujer
buena, con un niño de tres
años. Bajaron luego a lo llano en donde vivieron hasta que, ya adulto el niño, casó con la
Bachúe, y en ellos comenzó el
género humano, que se propagó con
extraordinaria rapidez. Pasados muchos
años, viendo la tierra poblada, volvieron a la misma laguna, y convirtiéndose en serpientes,
desaparecieron en sus aguas.
Los
Chibchas veneraban a la Bachúe, y se
veían estatuas pequeñas de oro y de madera,
representándola con el niño en diversas edades. Creían éstos indígenas que las almas salen de
los cuerpos que mueren, y bajan al
centro de la tierra por unos caminos y
barrancas de tierra amarilla y negra, pasando primero un gran río en una balsa
fabricada de telas de arañas, por cuyo motivo no era permitido matar estos
insectos. En el otro mundo tiene cada
provincia sus términos y lugares
señalados, en donde encuentran sus labranzas,
porque la idea de ocio no estaba ligada en ellos con la de
la bienaventuranza.
Adoraban
a BOCHICA como
dios bienhechor, y
a CHIBCHACUM como dios encargado particularmente de la
nación Chibcha y con especialidad de ayudar a los labradores, mercaderes
y plateros, porque el
Bochica era también dios particular
de los Ubsaques y
capitanes y de sus familias.
NENCATACOA era
el dios de los
pintores de mantas,
tejedores y presidía
a las borracheras y a las rastras de maderos que bajaban de los bosques. Lo representaban en figura de oso cubierto
por una manta y arrastrando la cola. A
este no le presentaban ofrendas de oro,
cuentas ni otros dijes como a los
otros, porque decían que le bastaba hartarse de Chicha con ellos.
Este Baco Chibcha era el dios de la torpeza, no le guardaban consideración alguna y decían que bailaba y cantaba con
ellos. Lamábanle también FO o
SORRA.
El
dios que tenía a cargo los linderos de las sementeras y los puestos en las
procesiones y fiestas, se llamaba CHAQUEN, y le ofrecían las plumas y diademas con
que se adornaban en los combates y en las fiestas.
La
diosa Bachúe, origen del género humano, tenía también a su cargo las sementeras de
legumbres, y quemaban en su
honor moque y otras
resinas.
Adoraban
también el arco iris bajo el nombre de CUCHAVIRA, y era especialidad para los enfermos de
calentura. Solían invocarle las mujeres
de parto. Las ofrendas que se le hacían
eran esmeraldillas pequeñas, granitos de
oro bajo, y cuentas de colores que
venían desde el mar por cambios. Este
culto se fundaba sobre la tradición más
general que hallaron los españoles, tradición
vulgar hoy en Nueva Granada.
Indignado Chibchacum,
decían los indígenas de los excesos de los habitantes de la planicie de
Bogotá, decidió castigarlos anegando sus tierras, para lo cual lanzó repentinamente sobre la llanura los dos ríos Sopó y
Tibitó, afluentes principales
del Funza, que antes corrían hacia otras
regiones, las cuales la transformaron en
un vasto lago. Refugiados los Chibchas
en las alturas, y en vísperas de perecer
de hambre, dirigieron sus ruegos al
Bochica, el cual se apareció una tarde
al ponerse el sol en lo alto de un arco iris,
convocó la nación y le prometió remediar sus males, no suprimiendo los ríos, que podían serles útiles en tiempos secos para regar sus tierras, sino dándoles salida (1), Arrojando entonces la vara de oro que tenía
en las manos, abrió esta la brecha
suficiente en las rocas de Tequendama, por donde se precipitaron las aguas, dejando la llanura enjuta y más fértil con el
limo acumulado.
Ni
se limitó a esto el justiciero Bochica,
sino que para castigar a Chibchacum de haber afligido a los
hombres, le obligó a cargar la
tierra que antes estaba sostenida por
firmes estantillos de Guayacán. Desgraciadamente esta medida no ha dejado de
traer sus inconvenientes,
…El Obispo Piedrahita
es el tercer historiador de las cosas del
Nuevo Mundo, en cuyas venas
corría sangre indígena. El Capitán
J. Muñoz Collantes, uno de los conquistadores del Nuevo Reino de Granada, residió
también en el Perú, y en doña
Francisca Coya, de la sangre de
los Incas, tuvo
una hija doña
Mencía de Collantes, que casó
con el Capitán don
Alonso de Soto, los que fueron
bisabuelos de nuestro historiador.
Todos saben que
el célebre cronista
Peruano Garcilaso de la Vega
fue hijo del ilustre Capitán español Garcilaso de
la Vega y
de Isabel Palla,
nieta de Tupac Yupanquí, uno de
los últimos Incas,
y pocos ignoran
que Fernando de Alva Yxtlixochilt,
que escribió la Historia Chichimeca, era descendiente de los soberanos de Texcuco
en Méjico.
El Padre Fray
Alonso de Zamora nació en
Bogotá hacia la mitad del siglo
XVII, recibió el hábito de religioso en el convento de
predicadores, en donde hizo sus
estudios con lucimiento, siendo después empleado por sus prelados como misionero. De vuelta
a Bogotá fue conocido como predicador
distinguido, hábil teólogo
y literato, mereciendo ser nombrado examinador sinodal
del Arzobispado. Sus estudios y la
inclinación que manifestó por colectar documentos relativos a la
historia antigua, lo designaron naturalmente a su prelado, el
Ministro General Fray Antonio
Cloche, para el destino de
cronista de la Orden, y, en consecuencia, recibió
éste título y el
mandato para escribir la historia general de la Provincia de San
Antonio del Nuevo Reino de Granada, orden que lo rodeó de graves
dificultades, porque su prelado lo
puso, como dice él mismo refiriéndose
al profeta Ezequiel, en medio de un campo lleno de huesos muy
antiguos, a fin de que los
resucitase. Et dimisit me
un medio campi,
qui erat plenus
ossibus, erant autem
multa valde, ciccaque
vehementer. Y le pareció que le decía
vaticinare de
ossibus isti. Y
añade que no permitiendo
vaticinios ni adivinaciones las historias humanas, reconoció
que solo la verdad había de vivificar aquellos huesos, sacando
el sepulcro del olvido las
acciones de los religiosos de su
Orden, sus peregrinaciones y
trabajos en la predicación del
Evangelio.
A principios de
1696 terminó su obra,
que se imprimió en Barcelona en
1701. Para ella consultó :
1º Todos los libros y papeles antiguos del convento grande de Santa Fe de Bogotá y los que se le remitieron de Cartagena
y Tunja.
2º Los memoriales de servicios presentados
por los religiosos que estaban archivados en el
Juzgado arzobispal, y en los
Cabildos eclesiástico y
secular, y las provisiones de
la Real Audiencia en su favor, las cédulas reales, bulas apostólicas, patentes de los prelados, actas de sus capítulos generales y provinciales.
3º Las
Historias de Indias,
especialmente las Décadas de
Herrera, El Manuscrito del
Licenciado Alonso Garzón de Tauxte,
Cura Rector de la
catedral de Bogotá por muchos
años desde 1585.
4º El Compendio
Historial del Adelantado Quesada, firmado de su nombre.
5º Los Nobiliarios
de Ocáriz, los
tres tomos del P. F. P.
Simón y
últimamente la Historia
del
Obispo Piedrahita, la cual
critica más de una vez, sobre todo cuando el
Obispo juzga las acciones
no muy ajustadas de algunos religiosos.
El Padre Zamora
tiene todavía mas dosis de credulidad y
menor de buena crítica que sus
predecesores de que hemos hablado, y respecto de los individuos de su Orden
es un panegirista más bien que un
historiador, el cual debe colocar las luces y las
sombras inseparables de la
naturaleza humana, lo que da mayor realce y más utilidad a la
historia. La del cronista
dominicano contiene, sin embargo,
datos, hechos y
circunstancias interesantes que
no se hallan en otra parte, y que ayudan
a formar el juicio del historiador.
La Historia
del Nuevo Reino
de Granada del
jesuita Cassani da mucha
luz sobre las misiones, pero se refiere a una época más moderna, porque los
jesuitas no entraron hasta el año de 1598
en el Nuevo Reino de Granada, y por
lo tanto no nos toca juzgarla en esta parte de nuestro trabajo. Este libro se imprimió en
Madrid en 1741. Hablaremos en su lugar del autor y de la
obra, junto con las de los Padres
Gumilla y Julián,
que se publicaron también en
España en la segunda mitad
del Siglo XVIII.