martes, 12 de mayo de 2020

Descubrimiento y Colonización


Joaquín Acosta
Coronel del Ejército Libertador
1844
 Descubrimiento  Y Colonización
De la Nueva Granada
 Prologo    

Hace  ya  muchos  años  que  se siente  la necesidad  de una  obra  que instruya  a  nuestra  juventud en la historia  antigua  de  Nueva  Granada.  Para  llenar  ese  vacío  me  propuse  reimprimir  alguno  de los  autores  antiguos  que  tratan de la  materia ;  pero  leyendo  detenidamente  cuanto  poseemos  impreso  o  manuscrito  respecto del  Virreinato  del  Nuevo Reino de Granada,  observé  que  las  narraciones de los cronistas,  además de ser incompletas,  se  hallan recargadas  de  fábulas  y  de  declamaciones  que  ocultan  y  ahogan,  por decirlo así,  los  hechos  esenciales.  El  lenguaje  mismo antiguo,  grande atractivo  para  el  que ha  adquirido  el hábito de  leer  aquellos  escritos,  es  un  obstáculo  para el común de los lectores  a  quienes  su  profesión  y  ocupaciones  no  permiten  consagrar el tiempo necesario  para  sacar el jugo  a  memorias  añejas  y  separar  en  ellas  el  grano  de  la  paja.
Valiéndome  de  estas  crónicas  y  de  otros  documentos,  traté  entonces de componer  una  narración  completa  y  exacta,  aunque  compendiosa,  reproduciendo las  impresiones que había recibido con la lectura  de aquellas obras, conservándoles  su  interés  y  supliendo  las unas  con  las otras.   Esta  es  la  que  me  atrevo  a  dar  a  luz,  esperando  que sea de alguna utilidad,  mientras  una  pluma  más  diestra   se  haga  cargo de la  empresa.
…He  tenido la oportunidad de recorrer mucha parte de Nueva Granada  y de los lugares donde ocurrieron los sucesos más importantes  de aquél  descubrimiento.  En  1834  hice una excursión desde el valle  del  Socorro al del  Magdalena,  con el distinguido  y  malogrado  botánico  doctor Céspedes.  Allí vimos las selvas vírgenes,  las raíces seculares  entreveradas  y los despeñaderos que opusieron tantos  obstáculos  a  Gonzalo Jiménez de Quesada,  después a  Jerónimo Lebrón y más tarde a  Lugo,  hasta que se abandonó  esta ruta.  Tan inculta región se halla actualmente  en el mismo estado que en  1538,  y es la única de lo interior de la  República en donde hay todavía  indígenas  no reducidos  e  independientes.
Mandando  un cuerpo de tropas he pasado  en 1841 de  Antioquia  a  Anserma,  siguiendo las huellas del  Licenciado Vadillo desde  Caramanta,  y verificando las relaciones de los cronistas.  A  fines del mismo año me encomendó  el  General en Jefe del Ejército del Sur  el mando de una columna de operaciones para sujetar a los indios  Paeces,  cuya lengua,  costumbres,  maniobras  y  ardides  han  variado tan poco desde la época del descubrimiento,  como  el aspecto de las faldas del Huila  o  la naturaleza de los desfiladeros  y pasos difíciles  que forma  el  río Páez  en su torrentoso curso.
He vivido en pueblos  en donde la raza pura de los  Chibchas se mantiene aún,  y he recogido las palabras  que todavía conservan de su antiguo idioma,  algunas de las cuales se han convertido en términos provinciales.  También he visitado,  aunque bien joven,  siendo Subteniente  del  Ejército de Colombia,  las tribus de los indios  Cunas,  que habitan en las orillas del  Golfo del Darién.
Después de haber reunido todos los materiales que pude en el país,  para lo cual fui auxiliado con toda  deferencia por los  Reverendos Prelados de los conventos de  San Francisco,  Santo Domingo,  agustinos  calzados  y  descalzos de Bogotá,  hice  un  viaje  a  España ,  visité  los  Archivos de Indias,  en donde se hallan reunidos  todos los documentos de los antiguos dominios  ultramarinos españoles,  y me persuadí de que la colección hecha  por don  Juan Bautista Muñoz,  encargado en 1779  de escribir la  Historia de América,  es la más completa y contiene  todos los documentos esenciales sobre el descubrimiento,  pues cuantos me llamaron la atención en  Sevilla,  sea propios de aquel  archivo  o  trasladados del de Simancas,  tenían la nota de haber sido copiados para Muñoz.  He disfrutado de ésta colección,  de que existe una copia,  la de don Antonio Uguina,  en la  biblioteca de  Mr.  Ternaux Compans,  quien generosamente me ha permitido  usar de ella como amigo de las letras,  que desea que los tesoros manuscritos  no permanezcan sepultados  y  ocultos.

Capítulo  X1


Extensión  y  límites  del  territorio de los  Chibchas  o  Muiscas.  – Gobierno  civil.  –Ceremonias  religiosas.  --  Mitología de los Chibchas,  sus  usos  y  costumbres.  –Guerras civiles. --  Agricultura  y  ferias periódicas  y  concurridas.


El  país  de  los  Chibchas comprendía las planicies de Bogotá  y  Tunja,  los valles de  Fusagasugá,  Pacho,  Cáquesa  y  Tensa,  todo el territorio de los cantones de Ubaté,  Chiquinquirá,  Moniquirá,  Leiva,  y  después  por  Santa Rosa  y  Sogamoso  hasta lo más alto de la cordillera,  desde  donde se divisan los llanos  de  Casanare.  El punto más extremo  al  Norte  vendría  a ser  Cerinza,  por  los    de  Latitud,  y al sur  Sumapaz,  por los  4º .  mas como la dirección del eje más largo de esta elipse  no es exactamente en el sentido del meridiano,  puede calcularse su longitud  en cerca de  cuarenta y cinco leguas de veinte al grado,  y  su  anchura media de  doce a quince leguas,  con la  superficie de poco más de  seiscientas leguas cuadradas,  y con una población aproximada de  2.000 habitantes  por  cada legua  cuadrada,  tan considerable  como la de cualquiera de los países cultos de Europa.
Esta población así acumulada,  la mayor parte en tierra fría,  sin ganados que le procurasen alimentos nutritivos,  o que la auxiliasen en las  faenas de la agricultura,  necesitaba para vivir ser  con extremo sobria  y  laboriosa,  y con efecto lo era, pues no solo se mantenía en la abundancia,  sino que conducía sus sobrantes a los mercados de los países circunvecinos,  en donde los cambiaba por oro,  pescado  y algunos frutos de las tierras calientes.
¡ Singular  configuración la de un suelo como el de Nueva Granada,  que desde los tiempos primitivos está indicando a sus habitantes  que deben unirse con los vínculos más estrechos para consultar la satisfacción de sus necesidades  y  vivir  felices ;  y aviso claro de que contra lo que está marcado con el sello de la naturaleza  encallarán siempre las tentativas de los legisladores inexpertos,  que no consulten en sus obras ni las lecciones de la historia  ni las leyes externas que rigen a las sociedades desde su cuna !
Lindaban los Chibchas por el Occidente con los  Muzos,  Colimas  y  Panches,  tribus guerreras y feroces,  con quienes vivían en perpetua hostilidad.  Por el Norte,  con los  Laches,  los  Agataes  y  Guanes,  y por el  Oriente,  con las tribus poco numerosas que habitaban hacia los  llanos,  el declive de la cordillera oriental.
Tres  jefes principales  dominaban con absoluto imperio y eran obedecidos ciegamente en los pueblos  Chibchas :  El ZIPA,  que tenía su asiento en  Muequetá  (hoy  Funza)  ,  lugar rodeado entonces de lagunas  y de brazos del río principal que riega la hermosa llanura,  cuyo medio  ocupaba la población.  El ZAQUE,  que originariamente habitaba en Ramiriquí,  y que posteriormente  se trasladó a  Hunza  o  Tunja.  Últimamente  el  jefe de  Iraca,  que participaba del  carácter religioso como sucesor designado por  Nemterequeteba,  civilizador  de éstas regiones,  el cual llegó a ellas,  según la tradición universal,  por la vía de Oriente del lado de  Pasca,  y desapareció  en  Suamoz,  que hoy decimos  Sogamoso,  de cuyo punto hacia los llanos  habían construido los habitantes una ancha calzada,  de la cual se veían todavía restos  a fines del  siglo XVII.
Los  usaques  o señores de los  pueblos  de  Ebaque,  Guasca,  Guatavita,  Zipaquirá,  Fusagasugá  y  Ebaté,  habían dejado de ser independientes no hacía  muchos años.  El Zipa  los sujetó,  aunque conservándoles su jurisdicción y la sucesión en sus familias del cacicazgo,  a que él se reservaba nombrar  solo por falta de heredero,  en cuyo caso escogía casi siempre de entre los  Guechas  o  jefes militares de las tropas,  que siempre mantenía  en las fronteras de los  Panches,  a fin de defender sus dominios  de las irrupciones, sorpresas y pillajes de estos vecinos inquietos y belicosos,  en cuyo territorio solía entrar para vengar estas hostilidades.
El Zaque  de  Hunza  tenía también algunos jefes tributarios,  pero el Zipa  ensanchaba cada día sus dominios a expensas de su vecino del  Norte  porque sus tropas estaban más aguerridas por el continuo lidiar con los infatigables  Panches ,  tan difíciles de sujetar a causa de la aspereza del terreno que habitaban, y de cuyo conocimiento sabían aprovecharse perfectamente.  Sin la llegada de los españoles es probable que el  Zipa de Bogotá  se habría apoderado de todo el territorio de los Chibchas (1),  si hemos de juzgar por los progresos rápidos que sus conquistas habían hecho en los últimos sesenta años,  de los cuales tenemos alguna noticia


…Creyendo el  Zipa que ya podía vengar agravios antiguos,  se resolvió a marchar a  Hunza  o  Tunja,  con más de  cuarenta mil hombres.  El  Zaque,  auxiliado por el de  Suamoz,  salió a  encontrarle  hasta  las inmediaciones

(1)         “ Apoderado de  Ebaté,  dice el señor Piedrahita,  pasó a  Susa  con celeridad,  vencida alguna oposición que su cacique le hizo en  Fúquene.   No corrió  menos  áspera  fortuna  el  Simijaca,  y  confesaron los tres caciques,  debajo de un yugo,  que a los que divide un vano pundonor,  los une muy de ordinario  una infame  esclavitud.”
(2)         Merece consignarse aquí la descripción del valle de Ebaté  hecha con mucha exactitud  y  concisión  por el señor Piedrahita :
“Es lo más  della  tierra  llana,  en que medía solamente el pueblo  de  Fúquene,  situado en una colina  entre las grandes poblaciones de  Ebaté  y  Susa :  cíñenla  por una parte   páramos fuertes  y  ásperos montes que la dividen de los  Musos,  y  por la otra  la gran  Laguna de  Fúquene,  que la resguardaba de las invasiones del cacique de  Tinjacá,  y  otros señores comprendidos  en las provincias  que hoy se llaman  Tunja.  Su longitud será de más  de  cuarenta millas italianas,  y  su latitud ,  angosta e incierta de medir,  por el retorcido  giro que forman los montes del páramo a cuyas faldas se extiende.”

de  Chocontá,  y dicen los cronistas que le propuso librara a un combate singular el suceso sin derramar la sangre de sus  súbditos,  lo que sus oficiales no quisieron permitir que el  Zipa  aceptase,  haciéndole creer que era contrario a su dignidad medirse con un personaje tan inferior.  Trabóse,  pues,  una reñida batalla cerca  del arroyo de las vueltas,  que duró un día entero.
Los combatientes eran  cien mil por ambos lados,  y aunque las armas no eran del mejor temple,  pues se reducían a macanas,  dardos,  tiraderas de carrizo  y  hondas,  no dejó por esto de ser sangrienta.  El Zipa  gravemente herido,  fue sacado por sus súbditos del campo de batalla,  quedando  Hunza  victorioso, pero sin deseo de emplearse en su persecución,  lo que raramente hacían éstos indígenas,  por entregarse a los regocijos y borracheras que seguían a la victoria.   Nemequene  trasladado en sus andas con extraordinaria rapidez,  por el número considerable de cargueros que se remudaban a cortas distancias,  expiró  el quinto día de llegado a  Muequetá,  dejando por sucesor  a  Thisquezuza,  que fue el que hallaron los españoles mandando en el país.   Thisquezuza, después de rehacer sus tropas,  sujetó a los caciques de  Cucunubá,  Tibirita  y  Garagoa,  y aún estaba a punto de venir a las manos con el Zaque de  Hunza,  sin la intervención  de  Nompaneme  de  Suamoz,  que les hizo concluir  una tregua de  veinte lunas,  valiéndose  de la influencia religiosa.
Tal es en resumen la serie de los sucesos del medio siglo que precedió a la llegada de los españoles,  y sobre los cuales,  sin embargo,  la tradición es confusa y dudosa.  No así respecto de su mitología,  usos y costumbres,  en cuyo apoyo se encuentra el testimonio conteste de diferentes autores que no pudieron copiarse.  Sin embargo,  antes de pasar en revista sumaria lo que se nos ha transmitido  respecto de los usos,  costumbres,  ritos,  etc.,  de los  Chibchas,  debo decir algo de los dos jefes principales que dominaban en el Norte,  y al primero de los cuales,  el  Zaque de Hunza,  según creen algunos,  estuvo en otro tiempo sujeto  todo el territorio  Chibcha,  cuando para evitar las guerras intestinas  nombró  el  Pontífice  de  Iraca,  que era venerado de todos,  a  Hunsahua  por  jefe superior,  a quien sucedieron sus descendientes hasta  Thomagata,   gran hechicero conocido con el nombre de  Cacique rabón,  porque arrastraba  cierta cola bajo los vestidos,  y decía que tenía poder para convertir los hombres en animales.  Thomagata  no tuvo hijos,  y le sucedió un hermano llamado  Tutasúa. Poco a poco fueron perdiendo sus sucesores el dominio en el territorio del Norte,  hasta verse amenazados  bajo el último  Zaque Quemunchatocha  de ser incorporados en las tierras del Zipa de Bogotá.

Al tiempo de la entrada de los españoles se extendía la jurisdicción de  Hunza  o  Tunja  por el Oriente,  hasta la cordillera ;  al Occidente, hasta  Sáchica  y  Tinjacá ;  al Sur a  Turmequé,  y al Norte el cacique  Tundama,  que era independiente,,  y las tierras santas de  Iraca  o  Sugamuxi (el desaparecido).  Era éste último  jefe  y  sacerdote,  elegido alternativamente de entre los naturales de los pueblos de  Tobaza, y  Firavitoba,  y por los cuatro caciques vecinos : Gámeza,  Busbanzá,  Pesca  y  Toca,  que así lo dejó establecido políticamente  Nemterequeteba  o  Idacanzas  el  instructor de los  Chibchas,  a su muerte,  la cual probablemente ocultó  sólo para dejar a su palabra una sanción religiosa,  como en efecto se conservó por siglos,  pues en cierta ocasión  en que un cacique audaz de  Firavitoba  quiso usurpar el sacerdocio,  fue abandonado por los suyos  y  pereció miserablemente  sin conseguir su objetivo,  continuando la elección y la regla  constitucional 

CIELO DE LOS CHIBCHAS  Y  SUS  TRADICIONES  MITOLÓGICAS

Al principio del mundo la luz estaba encerrada en una cosa grande que no saben describir,  y que llaman  CHIMINIGAGUA  o  el Creador ;  lo primero que salió de allí fueron unas aves negras  que,  volando por todo el mundo,  lanzaban por los picos un aire  resplandeciente  con que iluminó la tierra.  Después de  Chiminigagua   los seres más venerados eran  el  sol  y  la  luna  como su compañera.
El mundo se pobló de la manera siguiente :  poco  después que amaneció el primer día,  salió de la  laguna  de  IGUAQUE,  a cuatro leguas al Norte de Tunja,  una mujer hermosa llamada  BACHÚE  o  FUNZACHOGUA, que quiere decir  mujer buena,  con un niño de tres años.  Bajaron luego a lo llano  en donde vivieron hasta que,  ya adulto el niño,  casó con la  Bachúe,  y en ellos comenzó el género humano,  que se propagó con extraordinaria rapidez.  Pasados muchos años,  viendo la tierra poblada,  volvieron a la misma laguna,  y convirtiéndose en serpientes, desaparecieron en sus aguas.
Los Chibchas veneraban a la Bachúe,  y se veían estatuas pequeñas de oro y de madera,  representándola con el niño en diversas edades.  Creían éstos indígenas que las almas salen de los cuerpos que mueren,  y bajan al centro de la tierra  por unos caminos y barrancas de tierra amarilla y  negra,  pasando primero un gran río en una balsa fabricada de telas de arañas, por cuyo motivo no era permitido matar estos insectos.  En el otro mundo tiene cada provincia  sus términos y lugares señalados, en donde encuentran sus labranzas,  porque la idea de ocio no estaba ligada en ellos con la  de  la  bienaventuranza.
Adoraban a  BOCHICA  como  dios  bienhechor,  y  a  CHIBCHACUM como dios encargado particularmente  de la  nación  Chibcha  y con especialidad de ayudar a los labradores,  mercaderes  y  plateros,  porque el  Bochica  era también dios  particular  de  los  Ubsaques  y  capitanes  y de sus familias.
NENCATACOA  era  el  dios  de los  pintores de mantas,  tejedores  y  presidía  a las borracheras y a las rastras de maderos que bajaban de los bosques.  Lo representaban en figura de oso cubierto por una manta y arrastrando la cola.  A este no le presentaban ofrendas de oro,  cuentas ni otros dijes  como a los otros,  porque decían que le bastaba  hartarse de Chicha  con ellos.  Este  Baco Chibcha  era el dios de la torpeza,  no le guardaban consideración alguna  y decían que bailaba y cantaba con ellos.  Lamábanle también  FO  o  SORRA.
El dios que tenía a cargo los linderos de las sementeras y los puestos en las procesiones y fiestas,  se llamaba  CHAQUEN,  y le ofrecían las plumas y diademas con que se adornaban en los combates y en las fiestas.
La diosa  Bachúe,  origen del género humano,  tenía también a su cargo las sementeras  de  legumbres,  y quemaban en su honor  moque  y  otras  resinas.
Adoraban también el  arco iris  bajo el nombre de  CUCHAVIRA,  y era especialidad para los enfermos de calentura.  Solían invocarle las mujeres de parto.  Las ofrendas que se le hacían eran esmeraldillas pequeñas,  granitos de oro bajo,  y cuentas de colores que venían desde el mar por cambios.  Este culto se fundaba  sobre la tradición más general  que hallaron los españoles,  tradición  vulgar hoy en Nueva Granada.
Indignado  Chibchacum,  decían los indígenas de los excesos de los habitantes de la planicie de Bogotá, decidió castigarlos anegando sus tierras,  para lo cual lanzó repentinamente  sobre la llanura los dos ríos  Sopó  y  Tibitó,  afluentes principales del  Funza,  que antes corrían hacia otras regiones,  las cuales la transformaron en un vasto lago.  Refugiados los Chibchas en las alturas,  y en vísperas de perecer de hambre,  dirigieron sus ruegos al Bochica,  el cual se apareció una tarde al ponerse el sol en lo alto de un arco iris,  convocó la nación y le prometió remediar sus males,  no suprimiendo los ríos,  que podían serles  útiles en tiempos secos para  regar sus tierras,  sino dándoles salida (1),  Arrojando entonces la vara de oro que tenía en las manos,  abrió esta la brecha suficiente en las rocas de  Tequendama,  por donde se precipitaron las aguas,  dejando la llanura enjuta y más fértil con el limo acumulado.
Ni se limitó a esto el justiciero Bochica,  sino que para castigar a Chibchacum de haber afligido a los hombres,  le obligó a cargar la tierra  que antes estaba sostenida por firmes estantillos de  Guayacán.  Desgraciadamente esta medida no ha dejado de traer sus inconvenientes,

…El Obispo Piedrahita es el tercer historiador de las cosas del  Nuevo Mundo,  en cuyas venas corría sangre indígena.  El  Capitán  J.  Muñoz Collantes,  uno de los conquistadores del  Nuevo Reino de Granada,  residió  también en el  Perú,  y en doña  Francisca Coya,  de la sangre de los  Incas,  tuvo  una  hija  doña  Mencía de Collantes,  que  casó  con el  Capitán  don  Alonso de Soto,  los que fueron bisabuelos de nuestro historiador.   Todos  saben  que  el  célebre  cronista  Peruano Garcilaso de la Vega  fue  hijo del ilustre  Capitán español  Garcilaso de  la  Vega  y  de  Isabel  Palla,  nieta  de  Tupac Yupanquí,  uno  de los  últimos  Incas,  y  pocos  ignoran  que  Fernando de Alva  Yxtlixochilt,  que escribió  la  Historia Chichimeca,  era descendiente de los soberanos de  Texcuco  en  Méjico.

El  Padre  Fray  Alonso de Zamora  nació  en  Bogotá  hacia la mitad del siglo XVII,  recibió  el hábito de religioso en el convento de predicadores,  en donde hizo sus estudios  con lucimiento,  siendo después  empleado por sus prelados  como misionero.  De vuelta  a  Bogotá  fue conocido como predicador distinguido,  hábil  teólogo  y  literato,  mereciendo ser nombrado examinador  sinodal  del  Arzobispado.  Sus estudios y  la  inclinación que manifestó por colectar documentos relativos a la historia antigua,  lo  designaron naturalmente a su prelado,  el  Ministro General  Fray  Antonio  Cloche,  para el destino de cronista de la Orden,  y,  en consecuencia,  recibió  éste título  y  el  mandato  para escribir la  historia general de la Provincia  de  San Antonio  del  Nuevo Reino de Granada,  orden que lo rodeó de graves dificultades,  porque su prelado lo puso,  como dice él mismo  refiriéndose  al profeta  Ezequiel,  en medio de un campo lleno de huesos muy antiguos,  a fin de que los resucitase.   Et  dimisit me  un  medio  campi,  qui  erat  plenus  ossibus,  erant  autem  multa  valde,  ciccaque  vehementer.  Y le pareció  que le decía   vaticinare  de  ossibus  isti.  Y  añade  que no permitiendo vaticinios  ni adivinaciones  las historias humanas,  reconoció  que solo la verdad había de vivificar aquellos huesos,  sacando  el sepulcro del olvido  las acciones de los religiosos de su  Orden,  sus peregrinaciones  y  trabajos en la predicación del  Evangelio.

A  principios de  1696  terminó  su obra,  que se imprimió  en  Barcelona  en  1701.  Para ella consultó :

    Todos los libros y papeles  antiguos del convento grande de  Santa Fe de Bogotá  y los que se le remitieron de  Cartagena  y  Tunja.

     Los memoriales de servicios presentados por los religiosos  que estaban archivados  en el  Juzgado arzobispal,  y en los Cabildos  eclesiástico  y  secular,  y las provisiones de la  Real Audiencia en su favor,  las cédulas reales,  bulas apostólicas,  patentes de los prelados,  actas de sus capítulos  generales y provinciales.

     Las  Historias  de  Indias,  especialmente  las  Décadas  de  Herrera,  El  Manuscrito  del  Licenciado Alonso Garzón de Tauxte,  Cura  Rector  de la  catedral de Bogotá  por muchos años  desde 1585.

     El  Compendio  Historial  del  Adelantado Quesada,  firmado de su nombre.

    Los  Nobiliarios  de  Ocáriz,  los  tres tomos del  P. F. P. Simón  y  últimamente  la  Historia   del  Obispo Piedrahita,  la cual critica más de una vez,  sobre todo  cuando el  Obispo juzga  las  acciones  no muy  ajustadas de algunos  religiosos.

El  Padre Zamora  tiene  todavía  mas dosis de credulidad  y  menor de buena  crítica  que sus  predecesores  de que hemos hablado,  y respecto de los individuos de su  Orden  es un panegirista  más bien  que un  historiador,  el  cual debe colocar las luces y las sombras  inseparables  de la  naturaleza humana,  lo  que da mayor realce  y más utilidad  a la  historia. La del cronista  dominicano  contiene,  sin embargo,  datos,  hechos  y  circunstancias  interesantes que no se hallan en otra parte,  y  que ayudan  a  formar el juicio del  historiador.

La  Historia  del  Nuevo  Reino  de  Granada  del  jesuita  Cassani  da mucha  luz  sobre las misiones,  pero se refiere a una época más moderna,  porque los  jesuitas no  entraron  hasta el año de  1598  en  el  Nuevo Reino de Granada,  y  por lo tanto no nos  toca juzgarla  en esta parte de nuestro trabajo.  Este libro se imprimió  en  Madrid  en 1741.  Hablaremos en su lugar del autor y de la obra,  junto con las de los  Padres  Gumilla  y  Julián,  que se publicaron  también  en  España  en la segunda mitad del  Siglo XVIII.


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