... (de 600 que salieron de Santa Marta)...Fueron 180
soldados los que finalmente ascendieron la cordillera y llegaron, comenzando el
mes de marzo de 1537, al mismo lugar donde semanas antes habían sido avistados
muchos bohíos, caminos y, en particular, un poco de oro y algunas esmeraldas.
Un nuevo problema tuvieron que enfrentar pues no traían con ellos a alguien que
hablara la lengua de los lugareños, así que tuvieron que buscar por señas, el
sitio donde se hacían los Panes de Sal Y las coloridas mantas de algodón que
igualmente habían encontrado en los bohíos que les habían servido de descanso
en el duro camino hasta ese momento recorrido. A partir del valle de la Grita,
la ruta que siguieron hasta el cercado del Zipa los llevó por regiones que, por
lo pobladas que las encontraban, maravillaron a los conquistadores. Unos
catorce o quince días duraron en esta correría (de San Martín y de Lebrija,
1993 [1539] P. 97), pasando por Chipatá, al norte de la población de Vélez, donde
arribaron el 4 de marzo, y las actuales localidades de Moniquirá, Sorocotá y
Sutamerchán, hasta llegar a la laguna de Fúquene y a Guachea, lugar que
alcanzaron el doce del mismo mes y que los españoles llamaron San Gregorio por
ser ese su día. De allí partieron a Suesca y Nemocón, lugar en el que
finalmente entendieron que los muiscas hacían la sal “de pozos a mano, y de la
misma agua de ellos beben, y es algo salada, y cuecenla para hacerla Sal, y
unos panes grandes hacen de ella. Y así salieron de su ignorancia los
españoles, que pensaban que era laguna donde aquella sál se hacía” (Fernández
de Oviedo, 1959, tomo 3, P. 109). El encuentro entre los naturales y los
foráneos paso rápido del asombro a la desconfianza y, finalmente, a los hechos
de armas.

Hasta la población
de Suesca los enfrentamientos fueron esporádicos y de poca intensidad. Sin
embargo, a medida que se acercaban a los sitios de residencia del Zipa, que en
ese momento era Tisquesusa, se hizo evidente que nada lograría hacerlos
regresar al lugar de donde habían venido O, al menos, engañarlos de manera que
pasaran de largo sin entrar en sus dominios. Evitar esto último era estratégico
y, por ello, el Señor de Bogotá se adelantó a presentarles batalla en el valle
de Tibitó, cerca de Nemocón, sitio al que llegó en andas cubiertas de oro y
acompañado, como era la costumbre, de los esqueletos de valientes guerreros que
le servía de standarte (Groot, 1953, tomó 1,p.154). Jiménez de quesada se vio
en grave peligro pues había dividido el grueso de su ejército al enviar una
avanzada en dirección de Zipaquirá,
E así hubo de
llegar la vanguardia de los enemigos a dar en la retaguardia de los cristianos;
y tocada alarma y puesta por la obra la batalla, viéronse tan buen recaudo los
nuestros y con tanto esfuerzo, y por la diligencia y buena maña de su General,
que mediante Dios, los indios fueron vencidos y desbaratados, y muertos muchos
de ellos (Fernández de Oviedo, 1959, tomo 3, P.109).
Tisquesusa se dio
a la fuga, retirándose primero a Cajicá, lugar en el que dispuso quedará un
numeroso grupo en armas con el fin de demorar la persecución que le hacían los
españoles. A los guerreros que debían quedar allí los arengó, según dicen
algunos cronistas, “ diciéndoles que no hallaba cómo resistir a los hijos del
sol que como venidos del cielo, despedían truenos y rayos” (Groot, 1953, tomo
1, p. 154). Luego, el Zipa siguió su rápida marcha a la que consideraba su
residencia principal, el cercado de Bogotá, unos pocos, entre capitanes y
soldados, siguieron a los indios en su fuga hacia Cajicá, sitio al que los
españoles llamaron pueblo nuevo y sobre el que la relación de 1550 dice que

Era muy hermoso,
de pocas casas y muy grandes, de paja muy bien la obra, las cuales casas
estaban muy bien cercadas de una cerca de hazes de cañas por muy gentil arte obradas,
tenían 10 o 12 puertas, con muchas vueltas de muralla en cada puerto, era
cercado el pueblo de dos cercas, tenía entre cerca y cerca una muy grande plaza
y entre las casas tenía otra muy hermosa plaza, una casa de ellas estaba llena
de tasajos de venados curados sin sal (relación de Santa Marta [ca.1550],
1993,p.170). Allí, en un último
intento, los guerreros dejados por el Zipa con los españoles al frente, en
solitario, uno de los indios de el cercado reto a los españoles, desafío que
aceptó Lázaro Fonte. Este, con el consentimiento de sus compañeros, salió en su
caballo a encontrar al retador, lo tomó por el cabello y alzando lo lo condujo
hasta la empalizada, lo que ocasionó que los demás nativos que allí esperaban
para atacar a los extranjeros emprendieran una rápida y definitiva fuga. La
guerra directa, como mecanismo de defensa de los naturales, había fracasado;
sin embargo, durante estos primeros años nunca abandonaron por completo el
recurso a esta opción. Además, pronto aprendieron que el engaño y las acciones
furtivas podían ser más efectivas, pero igualmente constataron que aunque
podrían resistir no lograrían jamás vencerlos. Luego de los sucesos de cajicá,
finalizando el mes de marzo, Jiménez de quesada pasó a Chía, lugar en el que aprovechó
la semana Santa Para dar un descanso a sus tropas y donde permaneció hasta el
domingo siguiente al de resurrección. Que es el de cuasimodo. Durante el tiempo
que estuvieron en estas tierras, entendieron los españoles que las profundas
divisiones que se daban entre los diferentes caciques les daría una gran
ventaja en la tarea de someterlos que rescatar el oro, las esmeraldas y las
mantas que en grandes cantidades tenían los naturales y que ellos veían con
asombro y ambición. En este sentido, por ejemplo, cuenta aguado que En en ese
tiempo el cacique y Señor de chía, donde estaba el General alojado, vino de paz
y a la amistad del General y le sirvió y ayudó en todo lo que pudo con su
sujetos, a los cuales mantuvo que fuesen siempre amigos de los españoles y les
ayudasen y favoreciesen cuanto pudiesen contra Bogotá, porque este principal,
por particular y antigua enemistad tenía, deseaba ver su ruina y que los
españoles le sujetasen y domasen, por ser hombre indómito, y con demasiada
elación y soberbia trataba a los demás Caciques, sus feudatarios (1906, p.135).
Lo mismo sucedió con otro Señor de la tierra, el de Suba, que no sólo hizo
amistad con los españoles sino que se convirtió al catolicismo, siendo el
primero, para gran satisfacción de los capellanes de la hueste, Fray domingo de
las casas y Antón de Lezcames. El Zipa castigó con dureza los regalos que
algunos Caciques hacían a los conquistadores y, en especial, trató de impedir
alianzas, pues mando que “ matasen a los que iban a llevarles comida y mantas a
los cristianos, los cuales lo hicieron y a muchos daban de palos y les quitaban
la comida y algunos de ellos les rasgaba en las mantas y se las ataban al
pescuezo por gran deshonra” Relación de Santa Marta [ca. 1550],1993,p.171)
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