jueves, 14 de mayo de 2020

Quesada en Chía

El siguiente texto es tomado del libro "La Ciudad de los Conquistadores 1536 - 1604" del distinguido Historiador, Germán Rodrigo Mejía Pavony

https://www.javeriana.edu.co/editorial/libros/ciudad-conquistadores-165302

Mi objetivo es despertar el interés en conocer parte de la historia de nuestro municipio de Chía y remitir a las personas deseosas de saber más,  a las fuentes que consulto. tambien en honor a la verdad, solicitar a las personas conocedoras de los temas, que me señalen si hay algún error en la información y enriquecer el blog con sus conocimientos.



En el país de los muiscas

... (de 600 que salieron de Santa Marta)...Fueron 180 soldados los que finalmente ascendieron la cordillera y llegaron, comenzando el mes de marzo de 1537, al mismo lugar donde semanas antes habían sido avistados muchos bohíos, caminos y, en particular, un poco de oro y algunas esmeraldas. Un nuevo problema tuvieron que enfrentar pues no traían con ellos a alguien que hablara la lengua de los lugareños, así que tuvieron que buscar por señas, el sitio donde se hacían los Panes de Sal Y las coloridas mantas de algodón que igualmente habían encontrado en los bohíos que les habían servido de descanso en el duro camino hasta ese momento recorrido. A partir del valle de la Grita, la ruta que siguieron hasta el cercado del Zipa los llevó por regiones que, por lo pobladas que las encontraban, maravillaron a los conquistadores. Unos catorce o quince días duraron en esta correría (de San Martín y de Lebrija, 1993 [1539] P. 97), pasando por Chipatá, al norte de la población de Vélez, donde arribaron el 4 de marzo, y las actuales localidades de Moniquirá, Sorocotá y Sutamerchán, hasta llegar a la laguna de Fúquene y a Guachea, lugar que alcanzaron el doce del mismo mes y que los españoles llamaron San Gregorio por ser ese su día. De allí partieron a Suesca y Nemocón, lugar en el que finalmente entendieron que los muiscas hacían la sal “de pozos a mano, y de la misma agua de ellos beben, y es algo salada, y cuecenla para hacerla Sal, y unos panes grandes hacen de ella. Y así salieron de su ignorancia los españoles, que pensaban que era laguna donde aquella sál se hacía” (Fernández de Oviedo, 1959, tomo 3, P. 109). El encuentro entre los naturales y los foráneos paso rápido del asombro a la desconfianza y, finalmente, a los hechos de armas.

Hasta la población de Suesca los enfrentamientos fueron esporádicos y de poca intensidad. Sin embargo, a medida que se acercaban a los sitios de residencia del Zipa, que en ese momento era Tisquesusa, se hizo evidente que nada lograría hacerlos regresar al lugar de donde habían venido O, al menos, engañarlos de manera que pasaran de largo sin entrar en sus dominios. Evitar esto último era estratégico y, por ello, el Señor de Bogotá se adelantó a presentarles batalla en el valle de Tibitó, cerca de Nemocón, sitio al que llegó en andas cubiertas de oro y acompañado, como era la costumbre, de los esqueletos de valientes guerreros que le servía de standarte (Groot, 1953, tomó 1,p.154). Jiménez de quesada se vio en grave peligro pues había dividido el grueso de su ejército al enviar una avanzada en dirección de Zipaquirá,

E así hubo de llegar la vanguardia de los enemigos a dar en la retaguardia de los cristianos; y tocada alarma y puesta por la obra la batalla, viéronse tan buen recaudo los nuestros y con tanto esfuerzo, y por la diligencia y buena maña de su General, que mediante Dios, los indios fueron vencidos y desbaratados, y muertos muchos de ellos (Fernández de Oviedo, 1959, tomo 3, P.109).

Tisquesusa se dio a la fuga, retirándose primero a Cajicá, lugar en el que dispuso quedará un numeroso grupo en armas con el fin de demorar la persecución que le hacían los españoles. A los guerreros que debían quedar allí los arengó, según dicen algunos cronistas, “ diciéndoles que no hallaba cómo resistir a los hijos del sol que como venidos del cielo, despedían truenos y rayos” (Groot, 1953, tomo 1, p. 154). Luego, el Zipa siguió su rápida marcha a la que consideraba su residencia principal, el cercado de Bogotá, unos pocos, entre capitanes y soldados, siguieron a los indios en su fuga hacia Cajicá, sitio al que los españoles llamaron pueblo nuevo y sobre el que la relación de 1550 dice que

 

Era muy hermoso, de pocas casas y muy grandes, de paja muy bien la obra, las cuales casas estaban muy bien cercadas de una cerca de hazes de cañas por muy gentil arte obradas, tenían 10 o 12 puertas, con muchas vueltas de muralla en cada puerto, era cercado el pueblo de dos cercas, tenía entre cerca y cerca una muy grande plaza y entre las casas tenía otra muy hermosa plaza, una casa de ellas estaba llena de tasajos de venados curados sin sal (relación de Santa Marta [ca.1550], 1993,p.170).

 Allí, en un último intento, los guerreros dejados por el Zipa con los españoles al frente, en solitario, uno de los indios de el cercado reto a los españoles, desafío que aceptó Lázaro Fonte. Este, con el consentimiento de sus compañeros, salió en su caballo a encontrar al retador, lo tomó por el cabello y alzando lo lo condujo hasta la empalizada, lo que ocasionó que los demás nativos que allí esperaban para atacar a los extranjeros emprendieran una rápida y definitiva fuga. La guerra directa, como mecanismo de defensa de los naturales, había fracasado; sin embargo, durante estos primeros años nunca abandonaron por completo el recurso a esta opción. Además, pronto aprendieron que el engaño y las acciones furtivas podían ser más efectivas, pero igualmente constataron que aunque podrían resistir no lograrían jamás vencerlos. Luego de los sucesos de cajicá, finalizando el mes de marzo, Jiménez de quesada pasó a Chía, lugar en el que aprovechó la semana Santa Para dar un descanso a sus tropas y donde permaneció hasta el domingo siguiente al de resurrección. Que es el de cuasimodo. Durante el tiempo que estuvieron en estas tierras, entendieron los españoles que las profundas divisiones que se daban entre los diferentes caciques les daría una gran ventaja en la tarea de someterlos que rescatar el oro, las esmeraldas y las mantas que en grandes cantidades tenían los naturales y que ellos veían con asombro y ambición. En este sentido, por ejemplo, cuenta aguado que En en ese tiempo el cacique y Señor de chía, donde estaba el General alojado, vino de paz y a la amistad del General y le sirvió y ayudó en todo lo que pudo con su sujetos, a los cuales mantuvo que fuesen siempre amigos de los españoles y les ayudasen y favoreciesen cuanto pudiesen contra Bogotá, porque este principal, por particular y antigua enemistad tenía, deseaba ver su ruina y que los españoles le sujetasen y domasen, por ser hombre indómito, y con demasiada elación y soberbia trataba a los demás Caciques, sus feudatarios (1906, p.135). Lo mismo sucedió con otro Señor de la tierra, el de Suba, que no sólo hizo amistad con los españoles sino que se convirtió al catolicismo, siendo el primero, para gran satisfacción de los capellanes de la hueste, Fray domingo de las casas y Antón de Lezcames. El Zipa castigó con dureza los regalos que algunos Caciques hacían a los conquistadores y, en especial, trató de impedir alianzas, pues mando que “ matasen a los que iban a llevarles comida y mantas a los cristianos, los cuales lo hicieron y a muchos daban de palos y les quitaban la comida y algunos de ellos les rasgaba en las mantas y se las ataban al pescuezo por gran deshonra” Relación de Santa Marta [ca. 1550],1993,p.171)

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